“El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento” (Proverbios 15:32)
Algunas de las lecciones más importantes que he aprendido en mi vida, han sido a través de mis errores. Han sido dolorosas en su momento, pero cuando miro atrás y veo los frutos le doy gracias a Elohim por no haberme atajado cuando iba cuesta abajo, haberme permitido tocar fondo, poder mirar hacia arriba y buscar su mano que me levantó y me sigue levantando con misericordia y amor, mostrándome mi error, corrigiéndome, consolándome y ayudándome a ponerme en pie de nuevo. A esto le llamo la disciplina del amor. Cuando un niño está aprendiendo a caminar, el deseo de los padres es que lo logre sin caerse, es duro ver cuando cae y se lastima, pero es imposible no caer. Ya en su adolescencia, caerá de nuevo, pero será diferente y ahí, el hijo necesita corrección y disciplina. Ser corregido y disciplinado justamente es bueno, aceptar la corrección y disciplina es mejor, aunque duela. Las lecciones que se aprenden a través de la disciplina permanecen para siempre. Elohim es el mejor Padre. El sabe cuando necesitamos aliciente y cuando necesitamos la disciplina del amor. El no quiere que nos perdamos las lecciones vitales que nuestros errores nos dan para la vida. Cuando esto suceda, no nos rebelemos a Su disciplina de amor, démosle gracias por cuidar de nosotros y ayudarnos a crecer y madurar en El.
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Elohim para la destrucción de fortalezas…” (2 Corintios 10:2…)
Como la guerra que peleamos es espiritual, tenemos la tendencia a espiritualizar todo lo relacionado con esta guerra, incluso la forma como el enemigo nos ataca. Pero no podemos olvidar que el enemigo es el príncipe de este mundo (sistema) - Juan 14:30 - por consiguiente, no debe sorprendernos que en esta guerra cruce al mundo físico para atacarnos. Es muy ingenuo creer que no vamos a ser probados como nuestros antepasados. Creer que somos inmunes y que nada nos pasa porque somos hijos de YHVH. Todo lo contrario, somos Su pueblo viviendo en un mundo hostil al cual no pertenecemos, pero donde debemos estar para dar testimonio de Su grandeza. De hecho, hoy en día, hay muchos hermanos sufriendo tribulaciones y persecución por su fe en el Mesías. Para ellos el sonido de guerra es real y es un verdadero infierno. El hecho que muchos de nosotros no estemos viviendo la guerra de esta forma, no nos puede hacer indiferentes a ello, y es nuestro deber tomar parte orando por ellos.
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, and alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8)
Esto es guerra. Y como dicen los que han estado fisicamente en una guerra; el ruido de las bombas cayendo, explosiones, heridos, muertos, todo alrededor es un verdadero infierno. Matas o te mata. Pero, y ¿cómo es una guerra espiritual? ¿Cómo suena? ¿Cómo saber cuando protegerse o atacar? Aceptémoslo, estamos en guerra. La pregunta es: ¿Dónde estás en esta guerra? ¿Al frente de batalla, en la retaguardia o en la enfermería? Cuando un soldado es llamado a prestar servicio, sabe que va dispuesto a morir por su país. ¿Estás tu dispuesto a morir por lo que crees? Como lo he dicho antes, si fueran a juzgarnos por lo que creemos, ¿Encontrarían en nosotros suficiente evidencia? No olvidemos que la fe sin obras en muerta. Cuando declaramos creer en algo o alguien debemos confirmarlo con nuestras acciones. “¿Por qué me llamáis, Adonai, Adonai, y no hacéis lo que yo digo?” - Lucas 6:46.
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