“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12)
La palabra “ley” usada en los Escritos Apostólicos (NT) es equivalente a la palabra “ley” en hebreo la cual es “Torah” – H8451 – y que significa: enseñanza / instrucciones / preceptos. La palabra griega para “ley” es “Nomos”, y es la palabra usada como la palabra hebrea “Torah” en la septuagésima (traducción griega del Tanaj (AT) del siglo tercero). Por consiguiente, los eruditos judíos quienes tradujeron el Tanaj (AT) al idioma griego, consideraron las palabras Nomos y Torah equivalentes. Para los judíos mesiánicos que escribieron el Nuevo Testamento, cuando se usaba la palabra nomos, no se referían a la ley Romana, Griega o Babilónica, sino a la palabra hebrea, “Torah” o “Torah – Ley de Moisés”. Recuerden que la Biblia fue escrita en hebreo o arameo, por hebreos que hablaban hebreo, que vivían bajo la cultura y religión hebrea y que adoraban y servían a YHVH el Elohim de los hebreos. Para los israelitas del tiempo de Yahushua, incluyendo los apóstoles, la Torah de Elohim, dada a Moisés en el Monte, forma la enseñanza central que regula y gobierna todo aspecto de la vida, cultura, familia, matrimonio, sociedad, relación con las demás naciones y religión del pueblo de Elohim. Por consiguiente, “ley” para ellos, era “Torah”. Tenga en cuenta que el concepto de Torah para la mentalidad hebrea, no tiene la connotación que el término ley tiene para la mentalidad cristiana tradicional occidental, que tiende a ver la palabra “ley” de los Escritos Apostólicos (NT), con predisposición legalista. Pero si queremos conocer el corazón del Padre y Creador del Universo, que debe ser la pasión de todo creyente, debemos buscarlo en la Torah, la cual es la clave para tener una correcta, profunda y eterna relación con nuestro Creador.
“Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón” (Números 33:1)
Treinta y ocho años viajaron los hijos de Israel sin llegar a su destino final, después que murió toda la generación que YHVH había jurado que no entrarían a la tierra prometida, empezó YHVH a preparar a Su pueblo para la conquista – Números 2:14 y 25). Estas jornadas son simbólicas de nuestro viaje de la esclavitud a nuestra redención final. Pero la vida no es solo un principio y un fin, es como vivimos aquí y ahora. No es solo el llegar a nuestro destino, es como llegamos. El concepto hebreo sobre la vida está determinado por la fe, o fidelidad a lo que creemos y somos como pueblo de YHVH. Es el vivir día a día bajo la Torah, es el vivir a plenitud pequeñas jornadas que conforman un todo. Es el dejarse guiar por el Padre Celestial y dejar en Sus manos el trazo final del viaje. Es el valorar cada momento como un regalo precioso que nos permite ver la mano de nuestro Creador en todo, y aceptar que todo en nuestra vida trae un propósito y siempre será el de acercarnos a nuestro Padre y prepararnos para el evento final. Vivamos nuestras pequeñas jornadas diarias con gratitud y alabanza y aprendamos la lección que cada una trae. Todo obra para bien.
“Encomienda a YHVH tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Proverbios 16:3)
No hay nada más maravilloso que amar lo que uno hace, disfrutar de la obra de nuestras manos, y más cuando vemos que todo funciona perfectamente. Podemos llenar nuestra vida de actividades y sin embargo no estar haciendo lo que YHVH quiere que hagamos. Podemos asumir responsabilidades, cargas que pueden ser un peso o una prueba, o todo lo contrario, ser un gozo y toda una aventura, y sin embargo, no ser lo que YHVH quiere que hagamos. Hay un dicho popular que dice: “No todo lo bueno necesariamente es santo”. A veces la falta de amor o una afirmación negativa en la niñez, puede dejarlo a uno con un vacío y luego para compensar nos hallamos más tarde en la vida llevando cargas que YHVH no quiere que llevemos. El quiere primero que nos deshagamos de esas cargas innecesarias, que hagamos como los camellos en el Medio Oriente que se arrodillan para permitirle al dueño bajar la carga, y en humildad, le permitamos a El bajar todo ese peso de nuestros hombros. Y luego, que no demos ni un solo paso más sin encomendarnos a El y le permitamos nutrir nuestro espíritu con Su Ruaj Hakoddesh, llenarnos de su amor y sabiduría y que tanto nuestras obras como nuestros planes sean afirmados.
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