“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34)
Esta frase la pronuncio Yahushua después de haber instado al pueblo a buscar el Reino de Elohim y Su justicia. Yahushua nos da un consejo práctico, porque nuestra preocupación o ansiedad no hace ninguna diferencia en la vida. En realidad uno hace lo que puede y luego tiene que dejar las cosas, en manos de YHVH si El es tu confianza, o al azar si no tienes una relación con El. Pero la razón por la cual Yahushua nos insta a no preocuparnos, no es porque el futuro sea desconocido para nosotros, sino porque la preocupación excluye a YHVH, debilita nuestra fe y no proviene de El sino del enemigo. Cuando nos preocupamos le estamos dando crédito a lo que satanás dice: YHVH te olvido, no cuentas para El, eres malo y te mereces lo que estás viviendo, El no cuida de ti, etc., la pregunta aquí es: ¿vas a escuchar al enemigo o a poner tu confianza en YHVH? En los momentos de tribulación es cuando debemos apelar a la historia y recordar de donde nos ha sacado, las maravillas que ha hecho en nuestra vida, como nos ha suplido, la forma como nos ha guiado y así fortalecernos para el nuevo reto que estamos viviendo. No es fácil, pero tampoco imposible. “Al que cree todo le es posible… Creo, ayuda mi incredulidad” — Marcos 9:23-24.
“Puesto que el Mesías ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado” (1 Pedro 4:1)
La creencia común es que el sufrimiento no es bueno. Hacemos todo lo posible para evitarlo. Claro que si sufrimos por haber hecho algo incorrecto, es justo. Pero YHVH permite el sufrimiento en nuestra vida con el propósito de moldearnos — “los probaré como se prueba el oro” — Zacarías 13:9. El nos lleva más y mas lejos de los viejos hábitos y más y más cerca de El. Esto toma tiempo, es un proceso, pero es un proceso hacía el progreso espiritual. Cambia nuestros deseos, nuestro comportamiento, nuestros pensamientos — “Porque Elohim es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” — Filipenses 2:13. Nada cambia más la vida que el dolor y el sufrimiento. Las lecciones aprendidas en el piso, donde no queda mas hacía donde mirar, que hacía arriba buscando Su mano para levantarnos, son las lecciones que verdaderamente producen en nosotros el carácter del Mesías. Ante el sufrimiento siempre tendremos dos opciones: rebelarnos contra YHVH o rendirnos a El. El rebelarnos nos trae mas sufrimiento y amargura, el rendirnos nos garantiza salir de la situación, tal vez golpeados pero mas cerca de El. Somos una obra en construcción, bajo la poderosa mano de YHVH. Dejemos que use las herramientas que quiera, El sabe lo que es mejor para nosotros.
“A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución y os ultrajan” (1 Pedro 4:4)
La frase “desenfreno de disolución” en griego es: “asotias anakusin” que se usa para describir una persona que se deja influenciar fácilmente en caminos inmorales. Cuando vivíamos fuera del Reino de YHVH, fuera del Pacto; nuestra desobediencia se manifestaba en las elecciones que hacíamos. Andábamos con el montón, íbamos tras objetivos diferentes, no santos y nuestra vida no era más que material de alcantarilla. Pero, creíamos que éramos lo último, que lográbamos lo que nos proponíamos, que nuestros logros eran maravillosos y nuestra vida muy productiva. Todos a nuestro alrededor pensaban lo mismo, pues la balanza en la cual pesábamos los éxitos, era el sistema y sus corruptos métodos. Luego, un día, YHVH nos quita la máscara de nuestra cara y nos hace oler nuestra vida. El hedor nos enfermó. Hasta ese momento supuestamente no necesitábamos a YHVH, pero una vez percibimos la realidad, entendimos que necesitábamos una vida diferente. Pedro nos dice, que tan pronto olimos la realidad, vimos que no era color de rosa. Ahora nuestra vida va en dirección contraria, cambio de 180º, y no hay vuelta atrás. Pero los supuestamente antiguos amigos, lugares que visitábamos, cosas que hacíamos, ya no van más y ellos no entienden porque no caminamos por el mismo estiércol. Ellos sigue sufriendo de congestión espiritual y es nuestro deber orar por ellos para que vean la luz igual que nosotros un día la vimos. Démosle gracias a YHVH por lo que ha hecho en nuestras vidas.
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