“El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor” (Mateo 10:24-25)
Discípulo en hebreo es “Talmid” que significa = Estudiante. El plural es “Talmidim” = Estudiantes = Discípulos. El trabajo del Talmid, es aprender todo lo que el maestro le enseña y ponerlo en práctica. El Talmid come la comida espiritual que el Maestro le da, sigue al Maestro por el camino que el Maestro va, guarda el Shabbat y las Fiestas como el Maestro las guarda, aprende a guardar los mandamientos de YHVH como el Maestro le enseña a guardarlos, en pocas palabras; el aprende el Camino del Maestro. “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro” – Lucas 6:40. Nosotros tenemos un Maestro que es Yahushua, y tenemos el Ruaj en nuestro corazón que nos interpreta las Escrituras y nos revela esas joyas de sabiduría y conocimiento espiritual que necesitamos para nuestra vida. Ser discípulo es imitar al Maestro en todo, así que, si decimos ser discípulos de Yahushua debemos: andar como Él anduvo, guardar la Torah como Él la guardó, obedecer al Padre como Él obedeció – “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” – Juan 8:31.
“Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que YHVH el Elohim de vuestros padres os da” (Deuteronomio 4:1)
Muchos creen que para seguir a YHVH tenemos que privarnos de tantas cosas buenas que el mundo ofrece y seguir un montón de reglas que oprimen y quitan la libertad. Pero ya vimos que, para el pueblo recibir la Torah, primero tuvo que ser libre. Libre de la esclavitud del hombre. La verdadera libertad está basada en la observancia de la Torah. Todas aquellas cosas de las que debemos privarnos y que aparentemente son tan buenas, son las que al final esclavizan. El Sinaí fue el lugar donde recibimos, no donde se nos exigió dejar. El Sinaí fue el lugar donde la presencia de YHVH se manifestó. Fue el lugar de bendición donde el agua fluyó de la roca y donde el maná cayó del cielo. Fue el lugar donde nadie tenía que preocuparse por el mañana. Muchos niños nacieron al pie del monte, muchas bodas se celebraron y muchos fueron enterrados en los alrededores. Sinaí fue el lugar de preparación, donde recibimos el Ketubah, el compromiso de matrimonio con YHVH, donde EL prometió ser un esposo fiel y cuidar de nosotros. Fue el lugar donde se nos dijo para donde íbamos y donde se nos dieron las instrucciones para el camino. Fue el lugar donde YHVH nos separó para El, donde nos hizo una nación. A partir del Sinaí, a partir del momento en que recibimos la Torah, entendemos el plan de redención, entendemos la obra de nuestro Mesías Yahushua. Debemos llegar a ese estado de separación exigido por YHVH, para poder ser vasijas que reflejen Su gloria. Solo entonces, comprenderemos el propósito de nuestra vida.
“Yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que YHVH hizo con vosotros” (Deuteronomio 9:9)
Las tablas eran de piedra, no eran de un material costoso para que los ojos del hombre no se fijaran en las tablas en sí, sino en su contenido. Si le hubieran encargado a un ser humano a elaborarlas, tal vez las habría hecho de oro, como el becerro que hicieron para su dios pagano, o de mármol, bronce, las habría adornado con filigranas y esculpido en letras góticas y al margen tal vez pondría una placa para eternizar el momento. Pero, eran piedras sin elaboraciones. Las piedras no son complejas, son simples, todos las conocemos. Pero si todo es tan simple, ¿por qué tuvo que permanecer Moisés 40 días en el monte? Porque el secreto no estaba solo en las letras externas y en el material, sino en lo que ese inerte conjunto de arenillas puede ocultar. La piedra está formada por millones de partículas, así también los Diez Mandamientos contienen 613 instrucciones, secretos de todas las prescripciones sin excepción. En ellas está contenido todo el código de conducta a través del cual Elohim quiere que su pueblo viva. En esas tablas está expresada la voluntad de YHVH, son el corazón del Padre expresado en instrucciones para sus hijos. Fueron dadas en lenguaje sencillo y nos guían a construir nuestro destino de la mano de nuestro Creador.
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