“Pues YHVH tu Elohim te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto…” (Deuteronomio 2:7)
Nuestra vida es un camino ya trazado por YHVH. Todos aquellos que creemos en YHVH y tenemos nuestra confianza puesta en la obra del Mesías, salimos de Egipto y vamos hacia la Tierra Prometida. Este viaje nos lleva por todo tipo de terrenos, desiertos, valles, montañas, ríos, etc. En cada lugar hay lecciones que aprender y bendiciones para recibir. En cada etapa del camino, encontramos no solo la corrección y guía de nuestro Adonai, sino también su amor y misericordia. Al pueblo de Israel se le ordenó pasar por la tierra de Esau, mas no quedarse en ella, seguir el camino. Hay muchas cosas en este sistema que pueden desviar nuestra mirada del verdadero objetivo de nuestra vida. Todo obstáculo en nuestro viaje hacía la Tierra Prometida, debe ser removido. También se le prohibió al pueblo meterse o interactuar con los hijos de Esau, no pedirles nada, todo comprarlo con dinero. Cuando leemos estos versículos creemos que son simplemente historia y nada tienen que ver con nosotros hoy, pero estamos muy equivocados, todo en la Escritura tiene un propósito, y todos los triunfos y fracasos del pueblo de Elohim, fueron escritos para nuestra enseñanza, ejemplo y guía. Al igual que Israel, se nos prohíbe mezclarnos y se nos ordena mantenernos separados – kaddosh – para YHVH.
“Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a YHVH nuestro Elohim, como él nos dirá” (Éxodo 8:27)
Tres días de camino eran suficientes para salir de Egipto y adorar a Elohim. Faraón le dice a Moisés: “Andad, ofreced sacrificio a vuestro Elohim en la tierra (Egipto)” y Moisés responde: “He aquí, si sacrificamos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearán?” – Éxodo 8:25-26. Para los egipcios los sacrificios de los hebreos era una abominación. Pero fue YHVH quien ordenó a Moisés decirle a Faraón que irían camino de tres días – Éxodo 3:18. Tres días iban a ser suficientes en un futuro para que Yahushua el Mesías abriera el camino del desierto hacía la tierra prometida, hacía la verdadera libertad. Después del milagroso cruce por el mar, el pueblo tiene sed y las aguas que encuentran son amargas. Pero más era la amargura que había acumulada en sus corazones después de tantos años de esclavitud. “Moisés clamó a YHVH y YHVH le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron” – Éxodo 15:25. Solo el dulce sacrificio de Yahushua en el madero podrá sanar la amargura de un corazón esclavizado por el pecado. El árbol que Moisés uso fue el árbol de la vida. El madero sobre el cual el sacrificio perfecto fue llevado a cabo, para que tú y yo tuviéramos vida y vida abundante. Nuestro viaje por el desierto, es un viaje necesario. “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” – Oseas 3:14. Es en el desierto donde escuchamos sin interrupción, donde no tenemos otra fuente de subsistencia más que nuestra total dependencia de YHVH, donde en el día tendremos la columna de nube y en la noche la columna de fuego guiándonos por el camino. Vamos camino de tres días, y adoremos a YHVH.
“Y ofreceréis a YHVH siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis” (Levítico 23:8)
Hoy termina la Fiesta de los Panes sin Levadura, es Santa Convocación para YHVH. Un día más de regocijo y comunión con nuestro Adonai. Hemos hablado que la levadura es símbolo del pecado, del sistema tanto religioso como secular en que vivimos y al que no pertenecemos. Hemos pasado siete hermosos días de reflexión y comunión, identificando todo aquello que puede ser levadura en nuestra vida y que impide nuestra comunión con YHVH, hemos hecho compromisos y nos hemos separado más, hemos aprendido cosas nuevas. Solo nos queda darle gracias al Padre por habernos permitido disfrutar un año más de estas hermosas Fiestas y pedirle con todo nuestro corazón que el Ruaj HaKoddesh sea dándonos la sabiduría necesaria para poner en práctica todo lo aprendido. Ya empezamos a contar el Omer y a prepararnos para ese glorioso día de Shavuot cuando la Torah será reconfirmada una vez más en nuestro corazón. Cuando ensayaremos de nuevo ese compromiso matrimonial con nuestro Mesías. Hoy solo queremos decir: “Adonai, te amamos, que tu presencia more en medio de tu pueblo ahora y siempre”. Shalom
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