“Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26)
¿Alguna vez has luchado con el asunto de darle a Elohim el control de tu vida? Yo sí. Entregar el control a otro siempre va en contra de nuestra inclinación y deseo natural. ¿Por qué entregar el control a alguien que no conocemos ni vemos? Creemos que eso nos hace vulnerables. El análisis es correcto si estamos considerando darle el control a alguien en quien no se puede confiar, pues puede abusar de nosotros. Pero darle el control a YHVH, quien nos creó, quien proclama que jamás nos deja ni abandona, quien no escatimó ni a Su propio hijo, entregándolo para nuestro beneficio, no debe causarnos ningún temor. Sin embargo, seguimos luchando contra ello, no ya por el temor de entregar el control a alguien desconocido, sino por el hecho que no nos gusta perderlo. Nos gusta estar en control, nos gusta decidir por nuestra propia cuenta, nos gusta sentirnos dueños y entregarle el corazón a Elohim con todos nuestros deseos, pensamientos, gustos, quiere decir que ya no podemos actuar a nuestras anchas, lo cual puede parecernos mal, pero si nos tomamos la molestia de conocer mejor a Aquel quien nos pide que le entreguemos el corazón, no lo dudaríamos ni un minuto, nos rendiríamos a Él en total humildad.
“Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces te moverás; porque YHVH saldrá delante de ti a herir el campamento de los filisteos” (2Samuel 5:24)
Tan pronto David fue ungido como rey, se convirtió en el objetivo de los filisteos. Ellos no habían olvidado como David siendo un niño, les había matado a su campeón Goliat. Así que, los filisteos arreciaron contra David en varias ocasiones durante su reinado. Vez tras vez, David consultó a YHVH concerniente a sus guerras contra los filisteos, y YHVH siempre le dio instrucciones para derrotarlos. En cada guerra, YHVH le daba instrucciones diferentes, si David hubiera actuado siguiendo siempre las instrucciones dadas en la primera guerra, con seguridad habría sido derrotado por los filisteos. En esta ocasión, YHVH le dio instrucciones específicas; no moverse hasta oír el sonido como de marcha – y cuando lo oyere, moverse inmediatamente. Hay cuatro lecciones vitales en esta historia. Primera: cuando nos hallemos frente a una dificultad y no sepamos que hacer, preguntarle a YHVH. Segunda: cuando sepamos que YHVH ha hablado, obedecer. Tercera: no asumir que toda situación difícil es igual y que podemos aplicar la misma táctica, siempre hay que consultar a YHVH. Y cuarta: habrá momentos en nuestra vida cuando tendremos que esperar por una señal para actuar. Si diariamente aplicamos estas lecciones en nuestras batallas espirituales, confiando y obedeciendo las instrucciones de Elohim, El saldrá adelante de nosotros contra nuestros enemigos.
“¡Oh, cuanto amo yo tu Torah! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos” (Salmo 119:97-98)
Sabiduría y conocimiento son dos cosas diferentes. Dos personas pueden obtener la misma información y llegar a conclusiones diferentes. Nuestro entendimiento varía, según la perspectiva y la experiencia que tengamos del asunto. Cuando decidimos escalar una montaña que creíamos familiar, podemos darnos cuanta a mitad de la montaña que es imposible llegar a la cima, por ese camino, mientras que otra persona con experiencia, inicia su escalada por el lugar que creíamos más largo y difícil, y termina llegando primero. El problema con la vida, es que podemos mirar a las circunstancias que prevalecen a nuestro alrededor, y sentirnos perdidos sin saber que hacer, que acción tomar. Nuestro conocimiento es limitado, nuestra perspectiva no es perfecta y no tenemos la experiencia adecuada. Lo que nos falta, es sabiduría para saber que hacer. Podemos tener los hechos, estar frente a las circunstancias, pero no tenemos la sabiduría para saber qué hacer con ellos. Pero hay Alguien que tiene todo el conocimiento, Su perspectiva de los eventos y circunstancias es siempre justa y correcta, Elohim, el Padre Eterno, quien no está limitado por los horizontes de nuestra experiencia. Necesitamos recibir instrucciones directas de Él. Su sabiduría es esencial si queremos caminar seguros por este mundo caído donde el enemigo trata constantemente de desviarnos. Con Su sabiduría seremos más sabios que nuestros enemigos. Él nos guía paso a paso.
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