“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15)
Lo contrario sería – “si no guardas mis mandamientos, no me amas” – Nuestra lucha por obedecer, es simplemente la lucha de nuestro corazón por amar. En otras palabras, a medida que nuestro amor por el Padre y por Yahushua crece en nuestro corazón, cumplimos la Torah, ya que el amor a YHVH es la puerta a toda obediencia. YHVH conoce los secretos de nuestro corazón, sabe de nuestra disposición para hacer Su voluntad, y de nuestra rebeldía. Entiende nuestros miedos y se goza cuando percibe nuestra confianza en El. Es allí, en lo profundo del corazón donde se escucha el llamado y donde lo aceptamos o rechazamos. Oro para que YHVH nos de la voluntad para hacer Su Voluntad, el coraje para creer en Su Amor, que nos libre de toda duda y de todo temor. Que fortalezca nuestra confianza en El para proseguir hacía la meta, que no nos concentremos en las promesas, sino en darle gloria a El por el milagro de nuestra vida y por darnos a Yahushua.
“No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa” (1 Corintios 5:6)
El proverbio popular dice: “Una manzana podrida, pudre todo el cajón”. Alguien dijo: “Imita el mal y lo sobrepasaras, imita el bien y te quedarás corto. Es tendencia del ser humano ser mas fácilmente contagiado por el mal, que influenciado por el bien. Las Escrituras también nos dice que no podemos servir a dos Señores. Es imposible hacer concesiones, ser negligente, alcahueta, permisivo y creer que no habrá consecuencias. Es algo pequeño, insignificante, yo se manejarlo, no me va a afectar, todas estas y muchas más excusas son las que dan aquellos que creen que pueden contaminarse sin ser afectados. YHVH demanda de nosotros que nos separemos. Dice: “Sed santo porque Yo soy santo” – la palabra 'santo' en hebreo es 'kaddosh' = Separado. Separado del sistema, de todo aquello que no glorifica a YHVH. La Torah es el cerco que nos separa como el pueblo de YHVH. Ser santo es ser obediente a los mandamientos y estatutos establecidos en la Torah como el código de conducta para el pueblo de Elohim. La santidad no se obtiene haciendo ayunos, devocionales, y prácticas externas, cosas buenas pero que si no van acompañadas de obediencia a Elohim son hierva seca que será quemada. Seamos vigilantes, un poco de levadura puede destruir nuestra vida.
“Yo soy Elohim, y no hay otro Elohim, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho” (Isaías 46:9-10)
Ambos, el Israel antiguo y el futuro encuentran refugio en el desierto. En ambos casos, el lugar ha sido pre-organizado por YHVH mismo. El propósito es para instruir a Su pueblo sobre cómo vivir kaddosh – separado. La Torah, Su instrucción, es el alimento espiritual y mientras nutría dando instrucción y profecía al antiguo Israel, nos nutría a nosotros que leemos lo por venir desde el principio. En el Sinaí, el pueblo fue invitado a estar con el Eterno Elohim en forma personal. El habitó con ellos a través del Tabernáculo. El les reveló Su carácter a través de la Torah. El los confortó de día y de noche con su presencia visible en medio de ellos. Esta es una hermosa imagen y promesa para su pueblo, aquellos que son fieles, en los últimos tiempos. Si caminamos en santidad, separados a través de Su Torah, de Su poder, seremos el Tabernáculo donde habite Su gracia. Si nos deleitamos en Su Torah y meditamos en ella como el medio para conocer el corazón del Padre Celestial, conoceremos Sus caminos así como Moisés. Y si rechazamos la idolatría y mezcla profana de adoración que el sistema religioso practica, y adoramos a YHVH en Espíritu y verdad, seremos invitados a servir al Padre como reyes y sacerdotes de Su reino.
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