“¿No es El tu padre que te creó? El te hizo y te estableció” (Deuteronomio 32:6)
Sabemos que somos el producto de un proceso natural. Pero, ¿es solo eso? Si fuéramos el producto de un proceso natural únicamente, entonces nada importaría, la existencia, conciencia, deseos, amor, todo no sería otra cosa que eventos físicos. La vida no tendría sentido, aun las relaciones no tendrían propósito. Los valores, estándares morales y éticos no tendrían bases, serían solo preferencias y deseos. Para muchos eso es exactamente, por eso no debe sorprendernos que las sociedades hoy en día corran desbocadas hacia una anarquía moral. Pero muchos sabemos que la vida si tiene sentido. Sabemos que las relaciones, especialmente las más íntimas no son producto del azar, y la relación padre - hijo es crucial para entender esto, porque nos da identidad y pertenencia, porque se deriva del Padre Eterno — “Porque en El vivimos y nos movemos…” Hechos 17:28. YHVH es el origen de todo, de nuestra vida, que use elementos secundarios como nuestros padres terrenales para traernos a este sistema, es irrelevante. Existimos porque YHVH así lo ha querido, El maneja las cuerdas de nuestra vida y saberlo nos debe dar tranquilidad y paz, porque aunque nuestros padres terrenales falten, YHVH está ahí, nuestro Padre Celestial siempre está presente ayudándonos a entender que la vida tiene un propósito y que solo lo podemos cumplir en El.
“¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (Éxodo 33:16)
Uno de los deseos más fuertes de todo ser humano, es el deseo de pertenecer. No siempre estamos conscientes de ello, pero todos estamos hechos para conectarnos con otras personas. Aunque hay algunos que profesan ser felices solos, la mayoría de nosotros necesitamos saber que somos parte de algún tipo de comunidad; llámese familia, congregación, hermandad, etc. Cuando YHVH llamo a Abraham, su deseo era formar una nación diferente de las otras naciones del mundo. Sin embargo, Israel no estaba tan cómodo con ser diferente y siempre trato de ser como sus vecinos y pertenecer a la familia de las naciones, sin darse cuenta que esto sería fatal para ellos. Y no es que YHVH simplemente les diera unas reglas que los hacía diferentes, sino que Su presencia en medio del pueblo hacía la diferencia. Todos los pueblos tienen reglas y leyes, pero ninguna nación tenía al Rey del Universo en medio de ellos, guiándolos, peleando sus batallas, protegiéndolos y proveyéndolos. Hoy en día no es nada diferente, el pueblo de YHVH sigue incomodo siendo diferente y cada día se mezcla más y más con el sistema hasta el punto que ya es difícil saber quien es quién y quien sirve a quien. Y así como fue fatal para Israel, lo será para nosotros si no permitimos que la presencia de YHVH en nuestra vida, marque la diferencia.
“Bendito sea YHVH, mi Roca, quien adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra” (Salmo 144:1)
Todo ser humano tiene un lugar en esta batalla cósmica. Una canción de Bob Dylan dice: “Vas a tener que servir a alguien, bien puede ser al diablo o puede ser a YHVH, pero vas a tener que servir a alguien”. No hay terreno neutral en esta guerra. No hay líneas laterales, no hay descansos, no hay vacaciones. No hay ninguna licencia de maternidad o paternidad. No hay lista de descapacitados. Solo servicio activo. Usted está sirviendo a un lado o al otro. En cuanto a los deberes específicos de cada individuo, eso es otro asunto. Diferentes personas tienen diferentes funciones. Sin embargo, todo el mundo, independiente de la edad y la capacidad es una parte importante de esta guerra. Cuanto mejor comprendamos esto, más efectivos seremos. Hay gente muy espiritual que piensa que la verdadera piedad se encuentra en no participar de esta guerra. Con este pensamiento, creo que les queda bien difícil hallar paz en medio de un mundo turbulento. Y encontrar paz es algo bueno, pero no hemos nacido para luchar por la serenidad, sino mas bien para enfrentar las mismas puertas del infierno. ¡Shalom!
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