“Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mateo 5:20)
No se necesita mucho para superar la justicia de los escribas y fariseos. La idea que ellos tenían de justicia y rectitud era expresada en las apariencias. Yahushua los llamo “sepulcros blanqueados”, y ¿qué se encuentra en un sepulcro? Huesos, muerte, todo lo que produce la hipocresía, el egoísmo, el engaño, la autocomplacencia, la justicia propia que determina que es bueno y que no lo es, sin importarle los parámetros establecidos por YHVH. El orgullo propio y la justicia de YHVH se mezclan tan bien como el agua y el aceite. Donde esta nuestro ego, queda muy poco espacio para YHVH. ¿Qué relación puede tener Yahushua con alguien lleno de orgullo y soberbia? En este caso, el alma se rinde a YHVH y deja su orgullo o Elohim tendrá que dejar de ser Elohim y eso es imposible. Así que, si queremos superar a los escribas y fariseos, debemos empezar por rendirnos totalmente a YHVH, a Su Palabra, a Su voluntad.
“YHVH, tu Elohim, anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que 'El no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti” (Deuteronomio 23:14)
Para los hebreos, todo lo que hacemos en la vida es directa o indirectamente un acto de adoración. Si hacemos o decimos aquellas cosas que agradan a Elohim, lo estamos adorando y El se regocija. Pero si hacemos o decimos cosas que no agradan a Elohim, definitivamente estamos adorando otros dioses y no debe sorprendernos que YHVH vuelva Su rostro de nosotros. Cuando los niños están jugando y los padres los cuidan, tienen que mantener sus ojos bien abiertos porque muchos juegos con los que ellos se están divirtiendo grandemente, pueden terminar lastimándolos. Igualmente, YHVH, mantiene sus ojos sobre nosotros, por consiguiente, debemos tener cuidado de que todo lo que hagamos y digamos, lo adoren, que no halle nada inmundo en nuestro campamento, que nuestro hogar, nuestras actividades, nuestros dichos, los lugares a donde vamos, todo en lo que nos involucremos, sea agradable a Sus ojos. Cuidémonos de no estar adorando otros dioses, y perdamos la protección de nuestro Padre Celestial.
“Yo soy la luz, el que me sigue no andará en tinieblas” (Juan 8:12)
Todos conocemos las fechas, son indicadores maravillosos y todos las seguimos seguros de que nos van a llevar al lugar que buscamos. Las hay en las ciudades, carreteras y aun dentro de los edificios. Nadie duda de ellas y no nos importa si tenemos que girar, las seguimos confiados sin importar que pueda haber al otro lado. Si voy para Bogotá, sigo todas las flechas que digan Bogotá, pero la flecha no es Bogotá, es solo un indicador que me llevará allí. Estoy segura de que hasta aquí todos están de acuerdo conmigo. La gran pregunta ahora es: ¿Por qué nos cuesta tanto seguir las flechas divinas, los indicadores de Elohim que nos señalan el camino a seguir, que decisiones tomar y cómo actuar en determinadas circunstancias? La Torah es la guía más maravillosa, es la flecha divina que Elohim dejo a Su pueblo para que no ande perdido, divagando, sin saber qué camino tomar. Sigamos la fecha, no esperemos estar en problemas para preguntarle a YHVH: ¿Por qué? cuando ni siquiera lo hemos involucramos en nuestras decisiones. Podemos estar seguros de que si seguimos Sus flechas y aun termináramos en el lugar que no deseamos, debe haber una buena razón para estar ahí, y a Su debido tiempo nos la revelará.
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