“Hubiera yo desmayado, si no creyese que verá la bondad de YHVH en la tierra de los vivientes. Aguarda a YHVH; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; si, espera a YHVH” (Salmo 27:13-14)
El rey David tenía muchos enemigos y tenía que enfrentar muchas batallas. Unas veces huyó cuando creía que no había esperanzas, pero a lo largo de sus muchas tribulaciones, nunca olvidó las experiencias vividas en sus tempranos años cuando cuidaba el rebaño de su padre. El aprendió a seguir y confiar en esa voz interior de Elohim que fue su defensa inconmovible en muchas ocasiones. Hoy a través de este Salmo, él nos enseña por experiencia propia que sin importar que tan difícil sea la situación, podemos confiar en Elohim y que podemos estar seguros de que esperar en Él es más beneficioso que actuar precipitadamente no confiando en El y luego tener que huir. Estoy segura de que todos hemos actuado sin esperar la guía de Elohim y si somos honestos tenemos que admitir que el resultado no fue lo mejor ni lo que esperábamos. Aprendamos que es mejor esperar que actuar cuando no hemos oído esa voz interior guiándonos; no solo es lo mejor, sino que en muchas ocasiones es el salvavidas que nos saca de situaciones intolerables. Muchos pueden estar pasando por situaciones difíciles en estos momentos, y sé que decirles esperen, no actúen sin Su dirección y confíen en EL, puede ser difícil, pero créanme, es lo mejor.
“Ojalá hubiéramos muerto por mano de YHWH en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3)
El pueblo en vez de dar gracias por la liberación empezó a quejarse de las condiciones y empezó a añorar a Egipto, quisieron volver a hacer ladrillos para los monumentos de Faraón. Añoraron todo el confort de Egipto, aunque fueran esclavos. La esclavitud enceguece cuando el pueblo se acostumbra. “Si Israel no hubiera probado el pan de los egipcios, no hubiera permanecido allá en exilio, ni los egipcios los hubieran podido oprimir” – Rabino Hiya, Zohar 2, pp.6ª, 6b. El orgullo y el ego son los ladrillos que construyen fortalezas en nuestra mente. Nuestra carne solo hace lo que la mente le dice. Somos esclavos cuando elegimos serlo, se dice que nadie extraña lo que no conoce, así que es ese conocimiento del pecado y de hábitos fuera de los parámetros de Elohim lo que nos esclaviza. La esclavitud es tan fuerte que perdemos la habilidad de tomar decisiones de acuerdo con la Torah. Así que, si no podemos decidir cómo actuar, es porque somos esclavos de algo, y esa esclavitud nos dictamina como relacionarnos con el mundo y con la gente. No podemos permitir que Egipto permanezca dentro de nosotros, no podemos añorar la carne y el pan de los egipcios. Esas ollas egipcias son la religión, hábitos, creencias, percepciones, prácticas, prejuicios, juicios, forma de vivir y enseñanzas que han condicionado nuestra mente para pensar, caminar y hablar como egipcios (sistema). Esos deseos de volver al sistema, esa pasión y ambición por ser como las demás naciones, son consecuencia de haber comido mucha carne y pan leudado de los egipcios. “¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” – Romanos 6:16. Escojamos ser esclavos de la obediencia para justicia
“De cierto de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto” (Juan 12:24)
Cuando escucho a mis amigas hablar sobre los problemas que tienen con sus hijos adolescentes porque las reglas del hogar están interfiriendo con sus deseos de hacer lo que quieren y como los padres lindos que amaban cuando eran niños, de pronto se han convertido en viejos odiosos y que no los aman; no deja de sorprenderme la similitud de esta actitud con la relación amor-rechazo que tienen muchos creyentes con YHVH. Aman todas las Escrituras que tienen que ver con confort, prosperidad, protección, y tienen un dicho que ya es famoso entre ellos: “esta es la vida que nos merecemos”. Pero cuando YHVH habla de: perdonar, dar, renunciar, dedicar tiempo para YHVH, ya deja de ser atractivo y la vida del Reino se vuelve aburrida. Si les dices que vienen tiempos difíciles y debemos estar preparados, su respuesta es: “Elohim es amor y no va a permitir que sus hijos sufran”. Mi pregunta es: ¿No ama YHVH a todos esos creyentes que en estos momentos están sufriendo persecución, encarcelamiento y tortura por creer en el Mesías, en China, la India y los países árabes? ¿Qué tiene de especial esta iglesia facilista, cómoda y perezosa de occidente para creer que la tribulación de estos tiempos no la va a tocar? “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” Mas vale que empecemos a amar aquello que odiamos y a vivir como Elohim quiere que lo hagamos. Shabbat Shalom
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