“Entonces Moisés se volvió a YHVH, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? (Éxodo 5:22)
YHVH había enviado a Moisés a Faraón para que dejara salir al pueblo, pero en vez de dejarlos ir, Faraón empeoró las condiciones del pueblo. Moisés acababa de empezar un largo camino de fe. Tenía que aprender acerca de los Planes de YHVH versus su propio entendimiento sobre como debían ser las cosas. Tenía que aprender acerca del tiempo de Elohim que no era su propio tiempo. Tenía que aprender a confiar en Elohim. Moisés empezaba a interactuar con YHVH. La base del camino de fe que Moisés iba a iniciar era su relación íntima con YHVH y el hecho de que el conocía Su carácter y sabía que, a pesar de las circunstancias, YHVH estaría ahí para él y debía confiar en Él, aunque el camino de YHVH no fuera su propio camino. Nuestra vida también es un camino de fe, un viaje donde muchas veces vamos a sentir como si Elohim empeorara las cosas en vez de resolverlas. Podemos ser tentados a creer que podíamos haberlo hecho mejor que Elohim, pero la esencia de nuestra confianza en El, es resistir esta tentación, luchar de la mano de Elohim compartiendo nuestro corazón con El, y finalmente poniendo nuestra total confianza en El, y veremos igual que Moisés, que YHVH nunca nos defraudará.
“Estad quietos y conoced que Yo soy YHVH” (Salmo 46:10)
YHVH responde todas nuestras oraciones, aunque no siempre de la manera esperada. Solo Él sabe cuál es nuestra necesidad apremiante. Solo pide de nosotros confiar, estar quietos y dejar las cosas en sus manos. YHVH no tiene prisa ni está apurado, lo cual lo vemos en Su Creación: se toma Su tiempo para hacer un bebe, una flor, un árbol o un atardecer. Nosotros tenemos que esperar que llegue el momento determinado por El para recibir la respuesta y bendición. La parte difícil es esperar y en nuestra angustia, lloramos, clamamos y a veces nos olvidamos de que Él quiere que estemos quietos y veamos Su salvación. La prueba es la única forma de mostrarnos que tan confiados estamos y es ahí cuando en medio de nuestras lágrimas, sin importar que tan angustiados estemos, nos aferremos a Él y le pidamos que nos ayude a estar quietos y esperar en El. A veces demora la respuesta hasta que hayamos aprendido la lección, pero nada es desperdiciado por El. Tal vez no entendamos muchas cosas, pero una si debe estar clara en nuestro corazón: El ES SOBERANO y nuestra vida y la de nuestros seres queridos está en sus manos. Esperemos en El.
“Pues, aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Elohim para la destrucción de fortalezas…” (2 Corintios 10:2…)
Como la guerra que peleamos es espiritual, tenemos la tendencia a espiritualizar todo lo relacionado con esta guerra, incluso la forma como el enemigo nos ataca. Pero no podemos olvidar que el enemigo es el príncipe de este mundo (sistema) - Juan 14:30 - por consiguiente, no debe sorprendernos que en esta guerra cruce al mundo físico para atacarnos. Es muy ingenuo creer que no vamos a ser probados como nuestros antepasados. Creer que somos inmunes y que nada nos pasa porque somos hijos de YHVH. Todo lo contrario, somos Su pueblo viviendo en un mundo hostil al cual no pertenecemos, pero donde debemos estar para dar testimonio de Su grandeza. De hecho, hoy en día, hay muchos hermanos sufriendo tribulaciones y persecución por su fe en el Mesías. Para ellos el sonido de guerra es real y es un verdadero infierno. El hecho que muchos de nosotros no estemos viviendo la guerra de esta forma, no nos puede hacer indiferentes a ello, y es nuestro deber tomar parte orando por ellos.
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