“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8)
Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca. Pero, no era un enemigo desconocido. Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41. Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43. En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne. Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura. Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14. Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas. Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos. Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo. Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros de que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.
“Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mateo 5:20)
No se necesita mucho para superar la justicia de los escribas y fariseos. La idea que ellos tenían de justicia y rectitud era expresada en las apariencias. Yahushua los llamo “sepulcros blanqueados”, y ¿qué se encuentra en un sepulcro? Huesos, muerte, todo lo que produce la hipocresía, el egoísmo, el engaño, la autocomplacencia, la justicia propia que determina que es bueno y que no lo es, sin importarle los parámetros establecidos por YHVH. El orgullo propio y la justicia de YHVH se mezclan tan bien como el agua y el aceite. Donde esta nuestro ego, queda muy poco espacio para YHVH. ¿Qué relación puede tener Yahushua con alguien lleno de orgullo y soberbia? En este caso, el alma se rinde a YHVH y deja su orgullo o Elohim tendrá que dejar de ser Elohim y eso es imposible. Así que, si queremos superar a los escribas y fariseos, debemos empezar por rendirnos totalmente a YHVH, a Su Palabra, a Su voluntad.
“YHVH, tu Elohim, anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que 'El no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti” (Deuteronomio 23:14)
Para los hebreos, todo lo que hacemos en la vida es directa o indirectamente un acto de adoración. Si hacemos o decimos aquellas cosas que agradan a Elohim, lo estamos adorando y El se regocija. Pero si hacemos o decimos cosas que no agradan a Elohim, definitivamente estamos adorando otros dioses y no debe sorprendernos que YHVH vuelva Su rostro de nosotros. Cuando los niños están jugando y los padres los cuidan, tienen que mantener sus ojos bien abiertos porque muchos juegos con los que ellos se están divirtiendo grandemente, pueden terminar lastimándolos. Igualmente, YHVH, mantiene sus ojos sobre nosotros, por consiguiente, debemos tener cuidado de que todo lo que hagamos y digamos, lo adoren, que no halle nada inmundo en nuestro campamento, que nuestro hogar, nuestras actividades, nuestros dichos, los lugares a donde vamos, todo en lo que nos involucremos, sea agradable a Sus ojos. Cuidémonos de no estar adorando otros dioses, y perdamos la protección de nuestro Padre Celestial.
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