“Sáname, oh YHVH, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza” (Jeremías 17:14)
Es bueno alabar y confiar en nuestro Adonai a pesar de las aflicciones. En realidad, el sufrimiento nos permite ejercitar nuestro corazón de formas que serían imposibles si el camino de nuestra vida fuera un camino de rosas sin problemas. Tal vez la copa que YHVH nos da a tomar, sea amarga, pero una vez ingerida se vuelve dulce por la enseñanza que trae y la forma como nos acerca más a nuestro amado Padre. Cuando aceptamos la prueba como ordenada por YHVH, por el Rey de Gloria quien en un abrir y cerrar de ojos puede librarnos de la opresión, nuestro corazón es refinado, fortalecido, y solo alabanzas pueden salir de nuestros labios. Solo nuestro Padre sabe cuáles aguas deben ser endulzadas, solo el Autor y Consumador de nuestra fe sabe cómo sacar un diamante de las cenizas. “Así ha dicho YHVH, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy YHVH Elohim tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir” – Isaías 48:17.
“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16:25)
Saber algo sobre Elohim no es lo mismo que personalmente poner tu vida en sus manos. La diferencia entre un profesante y un verdadero creyente es que este último lucha en medio del dolor, de la ambigüedad, del quebrantamiento, se sostiene como dice Hebreos 11:27 – “como viendo al Invisible”. Job dijo – “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; no obstante, defenderé delante de él mis caminos” – Job 13:15. Conocer a Elohim no es tener formulas teológicas, dogmas y credos. Hay camino que parece derecho… aun para creyentes profesionales (líderes), pero cuando llega la exigencia, cuando se dan cuenta que hay una obligación eterna de vivir auténticamente a la luz de la Verdad, el interés decae. Tomar el madero es difícil porque la carne no quiere morir, lucha por derechos que no quiere ceder al Señorío de Aquel a quien llama Padre. “¿Por qué me llamáis Adonai, Adonai, y no hacéis lo que yo digo?” – Lucas 6:46.
“Ahora somos libres porque el Mesías nos liberó. Manténganse firmes en la libertad y no vuelvan a la esclavitud” (Gálatas 5:1)
Pablo dice aquí que Yahushua nos hizo libres para libertad. Algunos enseñan que el Mesías nos hizo libres de la Ley de YHVH. Pero el Mesías es toda la Palabra Viva de YHVH, la Torah, así, que, ¿cómo puede estar haciéndonos libres de Él? Además, ¿cómo puede hacernos libres de algo a lo que nunca hemos estado sujetos? Salmo 119:44-45 — “Guardaré tu Torah siempre, para siempre y eternamente. Y andaré en libertad” — Según este Salmo, la Torah es libertad. ¿Puede algo dar libertad y esclavizar al mismo tiempo? Juan 10:4 — “… y las ovejas le siguen porque conocen su voz” — Yahushua es la Torah, es libertad y nos hizo libres del sistema religioso para que vivamos bajo la Ley de YHVH - La Torah. Obedecer la Torah es libertad, hacer lo contrario es esclavitud. Solo un pueblo libre puede recibir Torah, por eso YHVH tuvo que sacar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, llevarlos al Sinaí y darles la Torah — el código de conducta bajo el cual vive Su pueblo.
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