“Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu sirvo, porque no me he olvidado de tus mandamientos” (Salmo 119:176)
Creo que estar perdido es una de las más aterradoras experiencias. Se siente impotencia, frustración y más cuando creemos que todo lo podemos, todo lo sabemos y nos toca aceptar que estamos perdidos y tal vez sin esperanza. Hoy en día la gente no se pierde mucho a menos que decidan explorar bosques o montañas inhóspitas. La tecnología ayuda mucho a los caminantes y exploradores. Pero y ¿si no estamos perdidos en un lugar sino en nosotros mismos? ¿Si las ilusiones, expectativas, deseos, ganas se han perdido y no hallamos el camino? Creo que eso si es estar perdido y sin esperanzas. Tuve el privilegio de conocer pastores con rebaños gigantes que tenían que recurrir al Pastor de pastores por dirección para guiar sus rebaños. Uno de ellos decía que cuando una oveja se pierde, o pierde su sentido de dirección, que a propósito, tiene muy poco, se paraliza. Esa es la sensación cuando estamos perdidos en nosotros mismos y necesitamos del Buen Pastor que nos rescate, saque del precipicio a donde hemos caído, nos ponga en pie de nuevo, le dé sentido a nuestra vida y nos guie por donde solo El sabe que nos conviene.
“Porque en seis días hizo YHVH los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, YHVH bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:11)
“Bueno es alabarte, oh YHVH, y cantar salmos a tu nombre, oh, Altísimo; anunciar por las mañanas tu misericordia y tu fidelidad cada noche…” – Salmo 92:1-2. Es bueno alabar a YHVH, especialmente en el Shabbat porque es el día santo separado para este propósito. Y ¿por qué lo alabamos? Le damos gracias por todo lo que ha hecho en nosotros y por nosotros, por Su paz, por la provisión, por Su protección. Lo adoramos porque El merece toda la adoración, por Su amor y misericordia y por darnos a Yahushua para librarnos de la esclavitud del pecado. Este día debe ser un día lleno de alabanzas a Su nombre. Shabbat es un día para reflexionar en el gozo y paz que YHVH trae a nuestra vida y agradecerle porque diariamente nos da la victoria aun en los momentos de mayor adversidad, porque nos sostiene en la palma de Su mano. Es tiempo para meditar en Su maravillosa obra, es tiempo para renovar nuestras fuerzas en Su presencia y recordar quienes somos en el Mesías Yahushua. Es tiempo para ser ungidos con aceite fresco, con el Ruaj Hakoddesh, para poder vivir la semana que llega dando testimonio al mundo de Su presencia en nosotros. Shabbat es el día para “anunciar que YHVH mi fortaleza es recto, y que en El no hay injusticia” – Salmo 92:15. ¡Shabbat Shalom!
“El que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6)
La duda empezó en el Jardín del Edén cuando Satanás le hizo la famosa pregunta a Eva. “¿Con que Dios os ha dicho…”? Esto fue suficiente para que la mente de Eva empezara a dudar si en realidad sería tan malo comer del árbol. Y la duda hizo su obra completa, comió y hasta hoy vivimos las consecuencias y hasta hoy la duda sigue siendo el arma favorita del enemigo. Planta una semilla de duda en el corazón del hombre, y cualquier mentira encontrará un nicho fértil para crecer. El creyente necesita convicción, no existe pacífica coexistencia de la fe y la duda, son como el agua y el aceite. La fuente de la duda es la ignorancia, el Padre lo dijo “Mi pueblo fue destruido, porque le falto conocimiento” (Óseas 4:6). Cuando te contentas con lo que te dicen los líderes y no tienes el suficiente amor por la verdad para buscar por ti mismo en las Escrituras, dos cosas te pueden suceder: comerás cualquier cosa, y no notarás la diferencia, o la mentira ya ha hecho nido en tu corazón y no hay cabida para la verdad de Elohim.
Hay 19 invitados y ningún miembro en línea