“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre, pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado de Su santuario (corazón) y todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entraron en el corazón y tomaron el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, más teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según el Mesías” (Colosenses 2:8)
El engaño es como una moneda falsa. El engañador de billetes busca producir billetes que sean esencialmente copias del real. Por el contrario, el falsificador de monedas de metal se esfuerza por hacer falsificaciones fundamentalmente diferentes, tal vez la apariencia sea similar, pero sería diferente en tamaño, peso u otra propiedad física. Como el lingote de oro, aunque se parezcan, el lingote falso tendría tan poco oro como sea posible. Para identificar una moneda falsa, solo se necesita compararla con las características de la real. El espíritu del anti-mesías opera de manera similar. Es un espíritu sutil, sin embargo, seductivo y engañoso – un engaño profundo que lleva a una gran pérdida y esclavitud. Teje uno de los más hermosos mensajes de las Buenas Nuevas del Reino, junto con mentiras destructivas que desacreditan toda la verdad. Seduce a la humanidad con otro mesías, otro espíritu y otro mensaje que no son inofensivos o alternativos puntos de vista, sino fundamentalmente diferentes. “Porque si viene alguno predicando a otro Yahushua que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” – 2 Corintios 11:4. Así, que, para identificar un falso mesías, un falso espíritu, o un falso mensaje, debemos compararlos con el verdadero Mesías, el verdadero Ruaj y el verdadero Mensaje.
“¡Cuan hermosas son tus tiendas, oh, Jacob, tus habitaciones, oh, Israel! (Números 24:5)
El Tabernáculo fue levantado y los hombres en edad de guerra contados. Ahora, se distribuiría el pueblo en el campamento. El Tabernáculo estaría en el centro y los Israelitas estarían alrededor de él, distribuidos por familias y tribus. Tres tribus a cada lado del Tabernáculo. Cada uno sabía cómo debía ser su relación con los demás dentro del campamento. Cada uno sabía cuál era su función dentro de su tribu. Pero lo más importante, cada uno sabía cuál era su lugar con relación al Tabernáculo. La presencia de YHVH era el foco central de todo el campamento. Y así como cada tribu estaba organizada alrededor del Tabernáculo, cada creyente en Yahushua tiene una posición dentro del Cuerpo del Mesías. Cada creyente tiene su lugar, su llamado, su ministerio. Los dones espirituales son dados a cada creyente, para cumplir su llamado dentro del Cuerpo. El Cuerpo del Mesías es regulado de manera supernatural como el campamento de Israel. Con YHVH como el centro de nuestras vidas y todo el pueblo ocupando su lugar dentro del Cuerpo, el enemigo no tiene ninguna oportunidad. No podemos perder de vista nuestro estandarte, debemos marchar o parar a la orden de nuestro comandante, seguros de que el lugar a donde nos lleva es el indicado y allí estaremos seguros.
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