"No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa" (1 Corintios 5:6)
El proverbio popular dice: "Una manzana podrida, pudre todo el cajón". Alguien dijo: "Imita el mal y lo sobrepasaras, imita el bien y te quedarás corto." Es tendencia del ser humano ser más fácilmente contagiado por el mal, que influenciado por el bien. Las Escrituras también nos dice que no podemos servir a dos Señores. Es imposible hacer concesiones, ser negligente, alcahueta, permisivo y creer que no habrá consecuencias. Es algo pequeño, insignificante, yo sé manejarlo, no me va a afectar, todas estas y muchas más excusas son las que dan aquellos que creen que pueden contaminarse sin ser afectados. YHVH demanda de nosotros que nos separemos. Dice: "Sed santos porque Yo soy santo" – la palabra 'santo' en hebreo es 'kadosh' = Separado. Separado del sistema, de todo aquello que no glorifica a YHVH. La Torah es el cerco que nos separa como el pueblo de YHVH. Ser santo es ser obediente a los mandamientos y estatutos establecidos en la Torah como el código de conducta para el pueblo de Elohim. La santidad no se obtiene haciendo ayunos, devocionales, y prácticas externas, cosas buenas pero que si no van acompañadas de obediencia a Elohim son hierba seca que será quemada. Seamos vigilantes, un poco de levadura puede destruir nuestra vida.
“Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos... “(Mateo 16:5-12)
La levadura se usa para producir fermentación y hacer que la masa se infle, y no se necesita mucha para que produzca un gran efecto. Mateo dice que Yahushua no les hablaba de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos. Mas adelante en Mateo 15:8-9 dice – “Este pueblo de labios me honra; más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. Al igual que un poco de levadura es suficiente para producir un gran efecto en la masa del pan, una mala interpretación de la Torah es igualmente dañina para el corazón y la vida espiritual del hombre. En los tiempos del Mesías le habían añadido tanto a la Torah, que ya no guardaban nada de lo estipulado por Moisés, sino sus propias reglas y mandamientos. Hoy en día, el cristianismo ha hecho lo contrario, no le ha añadido, sino que ha mutilado la Torah, so pretexto de que no hay que cumplirla porque Yahushua la cumplió por ellos. Pero Yahushua no es la excusa para evadirla, sino el ejemplo para cumplirla. Cuidémonos de la levadura de los fariseos, sean de la época del Mesías o los fariseos modernos.
“Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no hay levadura en vuestras casas...” (Éxodo 12:15-20)
Para la tradición judía, el comer pan sin levadura conmemora el éxodo de la esclavitud de Egipto. Los sagas identifican la levadura con el yetzer hara, la maldad dentro de nosotros. Al no comer pan leudado, estamos removiendo la influencia corrupta de nosotros. En la antigüedad, se leudaba el pan adicionando un poquito de masa vieja, agria a la masa nueva, o sea que pan sin levadura significa masa nueva, fresca. El sacrificio de nuestro Mesías hace de nosotros una masa nueva, sin levadura, sin corrupción, sin conexión con nuestra vida pasada, con nuestra vieja manera de vivir. Por eso Pablo dijo: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra Pascua, que es el Mesías, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos este encuentro, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” – 1 Corintios 5:7-8.
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