“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre del Mesías Yahushua, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es de su carne” (Hebreos 10:19-20)
Las Escrituras nos dice, que cuando el Mesías murió, hubo un terremoto y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. De acuerdo con las medidas dadas a Moisés para la construcción del Tabernáculo, el velo media aprox. 60 pies de largo, por 30 de ancho (aprox 18 m x 9 m). Suena imposible, ¿Cómo podía rasgarse? Según la tradición hebrea, cuando un padre perdía un hijo, rompía su manto, así que, solo el corazón herido del Padre por la muerte de Su Unigénito podría romper el velo. ¡Que sacrificio, que dolor y que amor! Darlo todo para que tuviéramos acceso al Trono del Padre. Y que tan ligeramente a veces tomamos esto. Hoy es un día para recordar, para hacer memoria, para agradecer, para postrarnos y adorar. El ruido del velo rompiendose hace eco a lo largo de la historia hasta nuestros días. La agonía de ese sonido de duelo nos abrió el camino nuevo y vivo al Padre.
“Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes” (Éxodo 12:6)
El cordero permanecía cuatro días en el templo para ser examinado que no tuviera defecto alguno que lo hiciera no apto para el sacrificio. Después de su entrada triunfal, Yahushua permaneció en Jerusalén enseñando en el Templo y fuera de él y durante cuatro días los fariseos y rabinos lo interrogaron y enviaron espías tratando de hallar motivo para acusarle, mas no encontraron nada. “Los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Yahushua, para entregarle a muerte; pero no hallaban... ““Yo no hallo en él ningún delito” – Marcos 14:55 y Juan 18:38. Esas eran las mismas palabras que el Sumo Sacerdote pronunciaba cuando terminaba de examinar el cordero por cuatro días y lo declaraba apto para ser sacrificado “No hallo falta en él”. Cada paso, cada palabra que Yahushua dio y pronuncio, fue cumpliendo toda la profecía hasta lo último. Él fue el cordero perfecto, apto para el sacrificio que podía cumplir todos los requisitos exigidos por YHVH.
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque al Mesías Yahushua el Adonai servís” (Colosenses 3:23-24)
La Fiesta de Pesaj (Pascua) está próxima, y una vez más aquellos que la celebramos, recordamos la liberación del pueblo de la tierra de Egipto donde eran esclavos. La palabra “esclavo” en hebreo es “avadim”, la cual es la misma palabra usada para decir “siervos”. Pesaj nos recuerda nuestra propia liberación de la esclavitud del pecado y el inmenso gozo y privilegio de ser libres para ser “siervos” del Elohim Vivo quien nos ha redimido. La misma raíz que forma la palabra “esclavo y siervo”, también nos da la palabra “avodah” que significa trabajo y adorar. O sea, que ser ESCLAVOS libres de nuestro Adonai, es ser SIERVOS fieles cuyo único TRABAJO, es ADORAR. Así que, todo lo que hagamos, hagámoslo de corazón, como para nuestro Adonai, no para hombres.
Hay 9 invitados y ningún miembro en línea