“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído YHVH tu Elohim estos cuarenta años en el desierto” (Deuteronomio 8:2)
La palabra “recordar” en hebreo es “zakar” = recordar/marcar. Pero no es como... oops casi lo olvido – sino como algo que debe estar grabado, como una marca en el tiempo designado para una respuesta especifica y deliberada. “Y se acordó YHVH de Noe... e hizo pasar Elohim un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas”. “Y se acordó Elohim de Raquel... y le concedió hijos”. Y cuando fue el tiempo, se acordó YHVH de los israelitas en Egipto – “Y oyó Elohim el gemido de ellos, y se acordó de Su pacto...”. YHVH no se olvida de Su pueblo, los tiempos son difíciles y se pondrán aún más difíciles, pero YHVH siempre estará ahí – “Porque Elohim misericordioso es YHVH tu Elohim; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres” – Deuteronomio 4:31. Un día, usted y yo escuchamos el llamado y respondimos, ese día YHVH se acordó de nosotros – “YHVH se acordó de nosotros; nos bendecirá” – Salmo 115:12. El desierto por el que hemos caminado tal vez no sea de arena, pero todos hemos vivido sus inclemencias, y debemos recordar cada paso dado y cada respuesta dada por YHVH a nuestra impotencia.
“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15)
Lo contrario sería – “si no guardas mis mandamientos, no me amas” – Nuestra lucha por obedecer, es simplemente la lucha de nuestro corazón por amar. En otras palabras, a medida que nuestro amor por el Padre y por Yahushua crece en nuestro corazón, cumplimos la Torah, ya que el amor a YHVH es la puerta a toda obediencia. YHVH conoce los secretos de nuestro corazón, sabe de nuestra disposición para hacer Su voluntad, y de nuestra rebeldía. Entiende nuestros miedos y se goza cuando percibe nuestra confianza en El. Es allí, en lo profundo del corazón donde se escucha el llamado y donde lo aceptamos o rechazamos. Oro para que YHVH nos de la voluntad para hacer Su Voluntad, el coraje para creer en Su Amor, que nos libre de toda duda y de todo temor. Que fortalezca nuestra confianza en El para proseguir hacía la meta, que no nos concentremos en las promesas, sino en darle gloria a Él por el milagro de nuestra vida y por darnos a Yahushua.
“Vestíos del nuevo hombre, creado según Elohim en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24)
Un problema que muchos creyentes tienen después de ser libres es el problema de encontrar su verdadera identidad como seres libres. Se enfatiza mucho en el pecado y en lo frecuente que actuamos como si no hubiéramos sido libres del vicioso verdugo de nuestra pasada vida de pecado, pero se hace poco o nada para revelar nuestra verdadera identidad Bíblica como seres libres. Esta identidad es importante. Pero igual como el ser libres no fue por nuestros propios esfuerzos, establecer nuestra identidad como seres libres, tampoco lo será. O, mejor dicho, no lo debe ser. Muchos se sientes contentos con ser parte del montón. No saben para donde van, o si van, ser parte de la multitud es todo lo que cuenta, se sienten a gusto así. Esos son los que, al igual que los hijos de Israel en el éxodo, perecieron en el desierto – porque nunca fueron en realidad libres. Ellos nunca dejaron a su antiguo amo, jamás lo cambiaron por el Amo del Universo. Pasaron los años quejándose de lo que tenían y extrañando lo que habían dejado. Mientras extrañes lo que dejas atrás, no puedes ser libre para salir. La gente libre es la que sale. Sale en busca de algo mejor. Sale en busca de la razón de su libertad.
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