“El que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6)
La duda empezó en el Jardín del Edén cuando Satanás le hizo la famosa pregunta a Eva. “¿Con que Dios os ha dicho…”? Esto fue suficiente para que la mente de Eva empezara a dudar si en realidad sería tan malo comer del árbol. Y la duda hizo su obra completa, comió y hasta hoy vivimos las consecuencias y hasta hoy la duda sigue siendo el arma favorita del enemigo. Planta una semilla de duda en el corazón del hombre, y cualquier mentira encontrará un nicho fértil para crecer. El creyente necesita convicción, no existe pacífica coexistencia de la fe y la duda, son como el agua y el aceite. La fuente de la duda es la ignorancia, el Padre lo dijo “Mi pueblo fue destruido, porque le falto conocimiento” (Óseas 4:6). Cuando te contentas con lo que te dicen los líderes y no tienes el suficiente amor por la verdad para buscar por ti mismo en las Escrituras, dos cosas te pueden suceder: comerás cualquier cosa, y no notarás la diferencia, o la mentira ya ha hecho nido en tu corazón y no hay cabida para la verdad de YHVH.
“Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mateo 5:20)
No se necesita mucho para superar la justicia de los escribas y fariseos. La idea que ellos tenían de justicia y rectitud era expresada en las apariencias. Yeshua los llamo “sepulcros blanqueados”, y ¿qué se encuentra en un sepulcro? Huesos, muerte, todo lo que produce la hipocresía, el egoísmo, el engaño, la autocomplacencia, la justicia propia que determina que es bueno y que no lo es, sin importarle los parámetros establecidos por YHVH. El orgullo propio y la justicia de YHVH se mezclan tan bien como el agua y el aceite. Donde esta nuestro ego, queda muy poco espacio para YHVH. ¿Qué relación puede tener Yahushua con alguien lleno de orgullo y soberbia? En este caso, el alma se rinde a YHVH y deja su orgullo o YHVH tendrá que dejar de ser Elohim y eso es imposible. Así que, si queremos superar a los escribas y fariseos, debemos empezar por rendirnos totalmente a YHVH, a Su Palabra, a Su voluntad.
“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” (Mateo 16:13)
Ningún personaje en la historia de la humanidad ha provocado más comentarios o debates que Yeshua. Y la respuesta que damos a ¿quién es Yeshua?, determina todo en nuestras vidas: valores, convicciones morales, la fe que nos impulsa a seguir a pesar de las circunstancias, la esperanza en la vida por venir. Toda gira alrededor de Él y de esa relación que tenemos basada en nuestra convicción de lo que Él es, “El Elohim viviente”. Esa respuesta demanda compromiso de nuestra parte, no podemos seguir siendo los mismos después de tener la revelación de lo que Yeshua es, porque cuando Elohim a través de Su Ruaj (Espíritu) se revela al hombre, es imposible no experimentar el cambio que produce el fuego transformador de Su amor.
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