“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12)
La vida, obra y carácter de Yahshua claramente muestra la verdadera luz de lo que El fue y sigue siendo para toda la humanidad hoy. El es el Siervo – Shamash – la luz que nos permite brillar en un mundo de oscuridad. El mismo nos ordeno: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” – Mateo 5:16. Estamos llamados a ser Su templo, y debemos limpiarnos de todo lo que nos comprometa, y trate de asimilarnos con el sistema. Es Su luz la que nos permite obtener la victoria sobre el poder de la oscuridad. Cuando andamos en la luz, tenemos comunión con Él y con nuestros hermanos, y las puertas del infierno no prevalecen contra nosotros. Que el Elohim de Israel, el Padre de nuestro amado Yahshua, nos ayude y nos de el coraje de decir NO a todo lo que trate de separarnos del Camino y nos llene de Su luz para que nuestro templo permanezca brillando con Su presencia. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” – Mateo 5:14.
“De modo que si alguno está en el Mesías, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Corintios 5:17)
Por la gracia de Elohim, para los creyentes los finales siempre son principios. El fin del pecado es el principio de la justicia… el fin de la culpa es el principio de la libertad… el fin del temor es el principio del amor. Yahshua nos pide que dejemos que nuestra vida termine, que rindamos todo lo que somos y queremos, que nuestra voluntad sea sujeta a Su voluntad para que experimentemos un nuevo comienzo, una nueva vida. A cambio, El nos promete un final definitivo a la frustración, temor, angustia… una vida nueva llena de esperanza, de fe, de amor en nuestro corazón. Hagamos de nuestro corazón un templo a Elohim donde solo habite la esperanza y seguridad de que en El tenemos un futuro lleno de gloria y victoria. Que logremos con la fuerza que YHVH nos da, vencer la cultura del sistema actual que en nada difiere de la antigua y que cada día trata de apartarnos más y más de la verdad.
“El amor es sufrido, es benigno… no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor… todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1Corintios 13:4-8)
¡Que grandioso es el poder del amor! Ha conquistado reinos, ha cruzado océanos, ha inspirado cientos de libros, ha motivado grandes sacrificios. Estoy hablando del amor, no del sentimiento egocéntrico que muchos llaman amor y que solo está centrado en: te amo si me amas, te respeto si tú también lo haces y si me abandonas lo pagarás. Hablo del amor que protege, que guía, que da, que soporta, que espera. Hablo del amor que da fuerzas a un padre o madre para entender que hay lecciones que sus hijos solo pueden aprender en el piso y en vez de rescatarlo, lo dejan allí para que YHVH lo levante. Hablo del amor que espera pacientemente a que ese ser que tanto ama, comprenda la verdad y entienda los peligros de vivir alejado de ella. Hablo del amor de Elohim, pero no del que tanta gente tergiversa creyendo que solo se manifiesta sacándolos de problemas o supliendo sus necesidades, sino del amor de Elohim que permite tribulaciones en la vida de sus hijos para enseñarles lecciones de vida que harán de él un ciudadano digno del Reino. Hablo del amor de YHVH, expresado a través de Yahshua, propiciando un camino de regreso al ceno de nuestro verdadero hogar con El.
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