Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)
La Torá es el manual de instrucciones de YHVH y se lee durante todo el año en sinagogas y hogares judíos. Esta costumbre comenzó hace milenios. En preparación para su entrada a la Tierra Prometida, uno de los recordatorios de advertencia que el Señor le dio a Josué cuando asumió el liderazgo después de la muerte de Moisés tuvo que ver con eso mismo. “Este Libro de la Ley no se apartará de vuestra boca, sino que meditaréis en él día y noche, para que tengáis cuidado de hacer conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y entonces alcanzarás el éxito” (Jos. 1:8) En otras palabras, conozca la Palabra de YHVH y obedézcala. Sólo un estudiante tonto tomaría un examen sin estudiar el libro y aprender el material. Hay muchos “grises” en nuestro mundo actual. Para obedecer a YHVH, necesitamos dedicar tiempo a Su Palabra para saber sin lugar a duda cuál es la posición bíblica en esas áreas grises. La lectura y meditación diaria de las Escrituras nos conducirán a una mayor claridad en nuestra comprensión. ¡Shabbat Shalom ¡
“Porque no adorarás a ningún otro dios, porque el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso”. (Éxodo 34:14)
Un reino solo puede tener un rey. Las naciones solo tienen un presidente o primer ministro. Y el hombre no puede servir a dos señores (Mateo 6:24). A lo largo de nuestra vida, nos enfrentamos a esta prueba: ¿obedeceremos a YHVH o nos permitiremos usurpar el trono que por derecho le pertenece? Ésta es una prueba seria. En varios lugares de las Escrituras el Señor se describe a sí mismo como celoso. No está dispuesto a que tengamos lealtades divididas. Los israelitas enfrentaron una prueba de confianza que los llevó a la obediencia (o desobediencia) cuando fueron sacados de la esclavitud en Egipto. Vieron la división del Mar Rojo, cruzaron sobre tierra seca y luego observaron cómo el ejército egipcio era tragado por ese mismo mar (Éxodo 14:13-28), ellos eligieron y sufrieron las consecuencias de su elección. Nosotros nos enfrentamos a esta prueba todos los días, cada que debemos tomar una decisión debemos elegir obedecer o hacer las cosas a nuestra manera. Cada que optamos por la segunda estamos usurpando el trono de YHVH y estamos expuestos a las nefastas consecuencias que trae un reino dividido donde no hay respeto ni obediencia a la autoridad. Escoge hoy a quien servir. Lo único que debemos hacer es escuchar atentamente la voz del Señor y luego hacer lo que Él pide.
Levántate, resplandece porque ha venido tu luz, y la gloria de YHVH ha nacido sobre ti. (Isaías 60:1)
En palabras de Isaías y los otros profetas del Tanaj, la luz representaba la presencia de YHVH, y con esa presencia viene liberación, bendición, justicia y paz. Y está claro que ninguno de nosotros individualmente ni como pueblo tenemos luz propia. YHVH es la luz que sale como el sol sobre nosotros. Los antiguos sabios de Israel contaban un maravilloso midrash (interpretación y elaboración rabínica de textos bíblicos) sobre la asociación entre YHVH y Su pueblo. “Tengo Mi luz”, dijo el Santo, “y os he dado luz. Tu luz es un reflejo de Mi luz. Así que seamos socios. Juntos llevemos nuestra luz a Sion y al resto de las naciones”. A veces, como creyentes, interpretamos mal el mensaje. Decidimos que es hora de ponernos los guantes de boxeo y vencer a la oscuridad hasta someterla. Pero eso no es lo que YHVH dice que hagamos. Él es luz y, en Su presencia, la oscuridad simplemente no puede existir. Como su pueblo, debemos ser su reflejo, y aquellos que anhelan la luz, se sentirán atraídos hacia ella.
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