“Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios” (Salmo 21:2)
El deseo de mi corazón es la salvación de mi familia, de todos aquellos que amo, del pueblo judío, y estoy segura que es el deseo de ustedes también. Y ¿cuantas veces hemos llorado por aquellos que una vez conocieron la verdad y caminaron en ella y ahora se encuentran a millas de distancia del Padre? Sin embargo no podemos dejar de orar, así pasen los años y pareciera que el tiempo nos robara la fe, tenemos que seguir y creer no podemos subestimar el poder de la oración. “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Hace 2.000 años Pablo oró: “el anhelo de mi corazón, y mi oración a Elohim por Israel, es para salvación” (Romanos 10:1). Ahora dos mil años después, esa oración está siendo contestada de una forma sorprendente, nunca antes el pueblo judío había estado tan interesado en Yahshua como ahora y nunca antes tanto judío había aceptado a Yahshua como su Mesías como hasta ahora. Obviamente, no podemos esperar dos mil años para que los nuestros sean salvos, pero tenemos que creer que nuestras oraciones no son en vano, y que nuestra fe en YHVH siempre será recompensada. Elohim conoce nuestros deseos y el llanto de nuestro corazón, no nos rindamos.
“He aquí, que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6b)
Es maravillosa la forma como Elohim nos habla, siempre busca parábolas para que entendamos, se baja a nuestro nivel de comprensión para que no perdamos la enseñanza. El hombre es recursivo por naturaleza, y yo siempre digo que una crisis es una oportunidad, pero en algo que el hombre siempre ha fallado es en ver las crisis como la oportunidad de ir a Elohim. Va más fácil al sicólogo, al brujo, gurú, al banco, etc. Ha fallado en entender que quien mejor puede reparar la vida, es quien la creó. Jeremías fue a casa del alfarero y lo vio haciendo una vasija. Como suele suceder la forma de la vasija se dañó en sus manos y el alfarero volvió a echarla sobre la rueca para hacerla de nuevo. No botó la arcilla, no la hizo a un lado, la volvió a tomar en sus manos y empezó el proceso de nuevo. Si estás en medio de una crisis, y estas tentado(a) a buscar ayuda diferente a Elohim, déjame decirte, nadie tiene ni la capacidad ni el poder de tomar la arcilla de tu vida y darle nueva forma. Podrán recomendarte soluciones, pero el verdadero problema seguirá porque no es cuestión de la vasija sino de lo que has hecho con ella, y Elohim, la puede tomar en sus manos, moldearla de nuevo, darle nueva vida, llenar esa vasija de tu vida de todos los elementos necesarios para que salga adelante y viva una vida victoriosa glorificando el nombre de quien la creó.
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente” (Juan 6:68-69)
El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí. Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir. Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que El nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj (Espíritu Santo), es la esperanza más bella de todo creyente. Por lo regular son esos momentos, esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son los que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son los que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo. ¿A quién iremos? ¿A dónde se va cuando ya no hay a dónde ir? A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe cómo sanarlo.
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