“Examíname, oh Elohim, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24)
Estamos en un viaje espiritual, escribiendo el “libro de nuestra vida”. Para ayudarnos a escribir este libro, los sabios hebreos decidieron que el mes sexto, previo a la Fiesta de “Yom Kippur” o “Día de la Expiación”, fuera dedicado a “Cheshbon hanefesh” (Examinar nuestra alma). Es decir, a hacer un honesto examen sobre nuestro comportamiento. Tomarnos el tiempo de revisar nuestra vida. A preguntarnos si ¿estamos donde debemos estar y si somos lo que debemos ser de acuerdo a la voluntad de YHVH? Debemos empezar por pedirle a YHVH valor y fortaleza para enfrentarnos a nuestra propia realidad. No es fácil aceptar que hemos hecho, pensado o permitido cosas en nuestra vida que no glorifiquen al Padre. Pero desnudar nuestra alma delante de la Divina Presencia, trae libertad y gozo. Si pecamos contra YHVH, confesarle nuestro pecado y pedirle perdón. Si pecamos contra un hermano (a), reconocerlo y pedir perdón. Finalmente, si pecamos contra nosotros mismos, admitir que hemos dañado nuestra vida y perdonarnos a nosotros mismos.
“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13)
El pecado no es el resultado de no entender lo que es correcto, sino la falta de voluntad para entenderlo, por consiguiente, pecado es rechazar hacer lo correcto. Pecado no es el resultado de la ignorancia, sino rebelión. Es un asunto de la voluntad, del corazón de los deseos ocultos del alma. Si una persona rehúsa aceptar y confesar su condición de pecador, la salvación para dicha persona es inasequible, ya que YHVH no puede salvar un alma que no acepta la necesitad que tiene de un Salvador. La persona que encubre sus pecados, ya sea por pura y simple negación del hecho o auto-engañándose con absurdas explicaciones, no prospera espiritualmente, porque no está viviendo la Torah, no vive la realidad que YHVH tiene para ella, vive una mentira. Solo la persona que viene a la Luz (Yahushua), que reconoce la verdad de su condición, y desea ser libre de las ataduras del pecado, recibe misericordia. La ira de YHVH sobre el pecado, no se aplaca cuando el pecado es minimizado, excusado o racionalizado, ya que el pecado es una ofensa contra YHVH, viola Su Torah y dicho acto crea una brecha en la relación entre YHVH y dicha persona.
“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1Corintio 13:11)
Según algunos sabios, los eventos del pasado no están grabados en piedra y nuestra relación con ellos puede cambiar. No tenemos por qué vivir nuestra vida con los traumas o amarguras del pasado. Teshuvah también significa apartar todo aquello negativo del pasado, aquellas cosas o eventos de nuestra niñez que nos marcaron negativamente, y crecer. El amor del Padre transforma todos los aspectos de nuestra vida, desde la cuna hasta la tumba. Él está presente allí donde lo dejamos cuando nos apartamos. Es imperativo volver, regresar al Camino, perdonarnos, perdonar y pedir perdón. Para muchos volver es difícil, aun creen que imposible, pero con YHVH todo es posible, aun el milagro de cambiar un corazón de piedra por uno de carne. Perdonar es la forma de liberarnos de aquello que nos tiene atados. Es dejar ir el dolor del pasado y hallar el valor para continuar. Solo cuando renunciamos a nuestra herida, podemos seguir adelante creciendo espiritualmente. La fe y el perdón están íntimamente ligados. Pidamos que YHVH renueve nuestra mente para que podamos discernir Su voluntad, que nos ayude a permanecer en El – “Vuélvenos, oh YHVH, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio” – Lamentaciones 5:21
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