“¿Qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos con lo está YHVH nuestro Elohim en todo cuanto le pedimos? Y ¿Qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta Torah que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deuteronomio 4:7-8)
Fue la realidad práctica de Elohim la que hizo que Israel se destacara entre las naciones de su tiempo. Obviamente fue la Torah la que hizo que fuera tan evidente su carácter distintivo. Cuando YHVH esta obrando en medio de ti, no tienes que vivir la vida como si El no estuviera haciendo nada. Por eso es tan importante seguir las directrices (Torah) de YHVH. Desobedecer sus instrucciones, es una muestra evidente de que El no habita en medio de ti. Ahora, debido a la participación íntima de YHVH en nuestras vidas, podemos sentirnos desconectados de los que nos rodean. A pesar de que como pueblo de YHVH pertenecemos a una familia o comunidad, aun podemos experimentar el sentido de no pertenencia, por tener que compartir con tanta gente a nuestro alrededor que no conoce a YHVH y a diferencia del Israel antiguo, no vivimos en una comunidad nacional aislada. Por el contrario, estamos esparcidos entre las naciones del mundo, llamados a ser luz para los demás. Al mismo tiempo, nuestro sentimiento de no pertenecer puede ser abrumadoramente doloroso. Es un camino de soledad, en cuanto al sistema, por eso es imperativo que nuestra relación con YHVH sea íntima y fuerte.
“¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (Éxodo 33:16)
Uno de los deseos más fuertes de todo ser humano, es el deseo de pertenecer. No siempre estamos conscientes de ello, pero todos estamos hechos para conectarnos con otras personas. Aunque hay algunos que profesan ser felices solos, la mayoría de nosotros necesitamos saber que somos parte de algún tipo de comunidad; llámese familia, congregación, hermandad, etc. Cuando YHVH llamo a Abraham, su deseo era formar una nación diferente de las otras naciones del mundo. Sin embargo, Israel no estaba tan cómodo con ser diferente y siempre trato de ser como sus vecinos y pertenecer a la familia de las naciones, sin darse cuenta que esto sería fatal para ellos. Y no es que YHVH simplemente les diera unas reglas que los hacía diferentes, sino que Su presencia en medio del pueblo hacía la diferencia. Todos los pueblos tienen reglas y leyes, pero ninguna nación tenía al Rey del Universo en medio de ellos, guiándolos, peleando sus batallas, protegiéndolos y proveyéndolos. Hoy en día no es nada diferente, el pueblo de YHVH sigue incomodo siendo diferente y cada día se mezcla más y más con el sistema hasta el punto de que ya es difícil saber quién es quién y quien sirve a quien. Y así como fue fatal para Israel, lo será para nosotros si no permitimos que la presencia de YHVH en nuestra vida, marque la diferencia.
“Bendito sea YHVH, mi Roca, quien adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra” (Salmo 144:1)
Todo ser humano tiene un lugar en esta batalla cósmica. Una canción de Bob Dylan dice: “Vas a tener que servir a alguien, bien puede ser al diablo o puede ser a YHVH, pero vas a tener que servir a alguien”. No hay terreno neutral en esta guerra. No hay líneas laterales, no hay descansos, no hay vacaciones. No hay ninguna licencia de maternidad o paternidad. No hay lista de discapacitados. Solo servicio activo. Usted está sirviendo a un lado o al otro. En cuanto a los deberes específicos de cada individuo, eso es otro asunto. Diferentes personas tienen diferentes funciones. Sin embargo, todo el mundo, independiente de la edad y la capacidad es una parte importante de esta guerra. Cuanto mejor comprendamos esto, más efectivos seremos. Hay gente muy espiritual que piensa que la verdadera piedad se encuentra en no participar de esta guerra. Con este pensamiento, creo que les queda bien difícil hallar paz en medio de un mundo turbulento. Y encontrar paz es algo bueno, pero no hemos nacido para luchar por la serenidad, sino más bien para enfrentar las mismas puertas del infierno.
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