“Los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían sus hermanos” (1 Crónicas 12:32)
La palabra Hebrea para: “entender” es “bee-nah” = discernimiento / sabiduría / percepción / conocimiento. Debemos ser como los hijos de Isacar. Los tiempos en los que vivimos espiritualmente son tiempos difíciles y peligrosos que demandan un gran discernimiento porque el enemigo de nuestra alma es sutil y una de las señales de los últimos tiempos según 1Timoteo 4:1, es que en los postreros tiempos se escucharán muchos espíritus engañadores y doctrinas de demonios. Necesitamos pedirle al Padre que desarrolle en nosotros el “espíritu de discernimiento y sabiduría” para discernir todo lo que escuchamos, vemos y sentimos y saber tomar decisiones que fortalezcan nuestra salud espiritual. Pidámosle que el Ruaj nos guíe a toda verdad y que seamos como los hijos de Isacar conociendo los tiempos para saber qué hacer y cómo actuar en cada momento. Shalom.
“Reconoce, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que YHVH vuestro Elohim había dicho de vosotros; todas os han acontecido (Josué 23:14)
Después de la muerte de Moisés, Josué fue asignado para entrar al pueblo a la tierra prometida. Parecía que YHVH les había dado una misión imposible – conquistar una tierra extraña y hostil con ciudades fortificadas y ejércitos superiores al suyo. Debían seguir adelante confiados en la promesa de YHVH, no temerosos de lo que veían. ¿Qué hizo Josué para que la confianza del pueblo se fortaleciera? Les recordó que YHVH nunca había fallado a Sus promesas, todas se habían cumplido, así que, podían seguir adelante seguros de la victoria. Nosotros hoy también debemos recordar que en medio de nuestras crisis, de cualquier montaña que tengamos frente a nosotros en este momento, hay Alguien superior a ellas que ha prometido: “No te dejaré ni te desampararé”. Recordemos las formas tan maravillosas y milagrosas como YHVH ha obrado en nuestras vidas y cobremos ánimo. Aunque nosotros olvidemos lo que le prometemos, El nunca olvida Sus promesas.
“Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37)
Solo Yahushua tiene la autoridad para definir que es la verdad, y todo aquel que esté interesado en conocerla eventualmente tendrá que venir a Él. Jeremías 17:9 dice que el corazón del hombre es engañoso y perverso. La historia de la humanidad es una prueba contundente de que hay un Ser infinito, sabio y omnipotente en control, pero el interés propio y el deseo de proteger la reputación hace que la gente cambie la percepción de cosas que han sucedido, hasta el punto de llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo. El centro del interés propio es el orgullo. A nadie le gusta admitir nada que opaque su reputación a los ojos de los demás. Encontramos este fenómeno en todas las esferas de la sociedad y desafortunadamente el pueblo de Elohim no está excepto. Por eso vemos a muchos justificar su comportamiento bajo conceptos de verdad completamente tergiversados. El orgullo, la auto-protección y el temor de perder la reputación o no ser aceptados, hace que nuestro corazón albergue motivos no santos de comportamiento que comprometen la verdad que hemos conocido a través del Mesías. Yahushua es la Verdad y todo aquel que lo ama, lo escucha y le permite exponer todo lo que haya en el corazón que no es compatible con la Verdad. ¡Shabbat Shalom¡
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