“Pero el día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36)
Es maravilloso ver como cada año más y más gente conoce acerca de las “Fiestas de YHVH”. Esta noche con gran expectativa, esperamos a que aparezca la primera línea plateada de la luna anunciando la “Luna Nueva”, y dando inicio a la primera Fiesta de YHVH de otoño – YOM TERUAH o Fiesta de Trompetas. Es el día de sonar las trompetas, día de aclamación y proclamación dando honra y gloria a nuestro Elohim, por Su maravilloso plan de redención y ensayando una vez más como lo hacemos cada año, el regreso de nuestro Amado Mesías Yahshua. Proféticamente Yom Teruah, es el día en que nadie sabe el día ni la hora, porque hasta que no aparezca la línea plateada de la luna, no sabemos el inicio de la Fiesta. Yahshua dijo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Adonai” Este es un evento que nadie quiere perderse. Sabemos que el regreso de nuestro Mesías cambiará el mundo por la eternidad. Yom Teruah, o el Gran Día de sonar el Shofar anunciará la llegada de Su Majestad Yahshua, como el Mesías Hijo de David para establecer Su Reino en la tierra. Ese día está más cerca de lo que creemos. “Prepárate para venir al encuentro de tu Elohim, oh Israel” – Amós 4:12
“Examíname, oh Elohim, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24)
Estamos en un viaje espiritual, escribiendo el “libro de nuestra vida”. Para ayudarnos a escribir este libro, los sabios hebreos decidieron que el mes sexto, previo a la Fiesta de “Yom Kippur” o “Día de la Expiación”, fuera dedicado a “Cheshbon hanefesh” (Examinar nuestra alma). Es decir, a hacer un honesto examen sobre nuestro comportamiento. Tomarnos el tiempo de revisar nuestra vida. A preguntarnos si ¿estamos donde debemos estar y si somos lo que debemos ser de acuerdo a la voluntad de YHVH? Debemos empezar por pedirle a YHVH valor y fortaleza para enfrentarnos a nuestra propia realidad. No es fácil aceptar que hemos hecho, pensado o permitido cosas en nuestra vida que no glorifiquen al Padre. Pero desnudar nuestra alma delante de la Divina Presencia, trae libertad y gozo. Si pecamos contra YHVH, confesarle nuestro pecado y pedirle perdón. Si pecamos contra un hermano (a), reconocerlo y pedir perdón. Finalmente, si pecamos contra nosotros mismos, admitir que hemos dañado nuestra vida y perdonarnos a nosotros mismos.
“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13)
El pecado no es el resultado de no entender lo que es correcto, sino la falta de voluntad para entenderlo, por consiguiente, pecado es rechazar hacer lo correcto. Pecado no es el resultado de la ignorancia, sino rebelión. Es un asunto de la voluntad, del corazón de los deseos ocultos del alma. Si una persona rehúsa aceptar y confesar su condición de pecador, la salvación para dicha persona es inasequible, ya que YHVH no puede salvar un alma que no acepta la necesitad que tiene de un Salvador. La persona que encubre sus pecados, ya sea por pura y simple negación del hecho o auto-engañándose con absurdas explicaciones, no prospera espiritualmente, porque no está viviendo la Torah, no vive la realidad que YHVH tiene para ella, vive una mentira. Solo la persona que viene a la Luz (Yahushua), que reconoce la verdad de su condición, y desea ser libre de las ataduras del pecado, recibe misericordia. La ira de YHVH sobre el pecado, no se aplaca cuando el pecado es minimizado, excusado o racionalizado, ya que el pecado es una ofensa contra YHVH, viola Su Torah y dicho acto crea una brecha en la relación entre YHVH y dicha persona.
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