“Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo YHVH vuestro Elohim” (Levítico 18:30)
La navidad es una fiesta celebrada por mucha gente. Para muchos es el tiempo favorito del año en el cual se dan regalos, se decoran las casas con luces, ponen un árbol lleno de adornos y hacen comidas especiales. Pero, ¿dónde se originó esta costumbre? No es Bíblica pues el nacimiento del Mesías es alrededor de Septiembre según las Escrituras. Como creyentes debemos adorar a YHVH en Espíritu y en Verdad y es nuestro deber conocer el trasfondo de costumbres que aparentan ser inofensivas pero que no glorifican al Padre Celestial en nada. La fecha del 25 de Diciembre viene de Roma y era la celebración del dios Saturno y el renacimiento del dios sol. Esto data desde antes del nacimiento del Mesías. Los templos romanos se llevaban de sacerdotes de Saturno llevando coronas de ramas verdes. ¿Cómo llegó esta costumbre al cristianismo? La inicio el catolicismo paso al protestantismo y a las iglesias fundamentales? La palabra “Christmas” revela el matrimonio entre cristianismo y paganismo. Es la combinación de las palabras “Christ” = Cristo y Mass = Misa. Un estudio sobre la iglesia romana revela que la iglesia absorbía costumbres, tradiciones y paganismo general de toda tribu, cultura o nación en sus esfuerzos por aumentar el número de adeptos bajo su control. Cuando Martín Lutero inicio la Reforma en 1517, y junto con él, otros reformadores que le siguieron, dejaron la navidad intacta. Usted dirá que es inofensiva, pero lo que no es verdad es mentira y Elohim demanda que lo adoremos en Espíritu y en Verdad. Decir que el Mesías nació el 25 de Diciembre es mentira. Además, Yahshua nunca nos mando a conmemorar Su nacimiento sino Su muerte. Ahora piense: ¿cree que celebrar una fiesta pagana honra al Padre?
“La salvación es de YHVH; sobre tu pueblo sea tu bendición” (Salmo 3:8)
Yahushua les dijo a sus discípulos que fueran mar adentro y echaran sus redes para pescar. Cuando lo hicieron, sus redes se llenaron de peces hasta el punto que se rompían. El propósito de Yahushua no era mostrarles que el negocio de la pesca era bueno, sino para revelarles el gran poder y amor del Padre. Los bendijo con una buena pesca para que quitaran sus ojos de los peces y se enfocaran en el gran llamamiento que tenía para ellos. Pedro lo entendió y cayó de rodillas delante de Él. Yahushua le responde: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” – Lucas 5:10. Muchos se quedan enredados en las bendiciones, y de hecho, siguen al Mesías por la bendición, prosperidad y éxito. Pero el verdadero discípulo no se enfoca en las bendiciones del Señor, sino en el Señor de las bendiciones. Podemos regocijarnos en las bendiciones y dar gracias siempre por ellas, pero no quedarnos ahí, disfrutándolas y esperando más. Pongamos nuestros ojos en nuestro Maestro y en el llamado que tiene para nosotros. Cuando El ve que tenemos un corazón dispuesto y separado para Él, nos usará para cumplir su glorioso plan.
“Has sido fortaleza al pobre… refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como un turbión contra el muro” (Isaías 25:4)
Isaías lo cubre casi todo aquí. La vida está llena de tormentas, de problemas, calor de las presiones que sufrimos y torrentes de gente sin misericordia que nos oprime física, mental y emocionalmente. Todo esto nos puede destruir, pero podemos correr a nuestra Roca, Refugio y Sombra seguros que allí estaremos a salvo. Nuestro Elohim es todo eso y más. Nos podemos esconder en El cuando las tormentas de la vida lleguen y esperar en El hasta que pasen. El conoce el dolor que sufre cada corazón y puede consolarnos y darnos la luz que necesitamos para salir adelante. El nos da sombra cuando el calor de las presiones llega tratando de ahogarnos y hace que broten de nuestros labios sacrificios de alabanza que glorifiquen Su nombre. El es nuestro refugio, extiende sus brazos y nos toma para que la mano del maligno no nos dañe. No hay mejor lugar para ir y para estar que en El. “Roca mía y castillo mío y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en El confiaré” (Salmo 18:2).
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