“Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia, haced para vosotros barbecho, porque es tiempo de buscar a YHVH hasta que venga y nos enseñe justicia” (Oseas 10:12)
Es cierto, cosechamos lo que sembramos y si queremos cosechar misericordia tenemos que sembrar en justicia. Algunas cosas en nuestra vida son cosechas de lo que hemos sembrado, otras, y estas aplican para aquellos que dejan al Señor moldear sus vidas, son parte del proceso del yunque del Señor. Pero es bueno analizar nuestra vida y discernir lo que estamos viviendo. ¿Estamos secos y hambrientos porque buscamos al consumismo para satisfacernos? ¿Tomamos malas decisiones porque no conocemos el Camino, no tenemos amor por la Torah? ¿Amamos demasiado las cosas materiales y nos dejamos consumir por la ambición? ¿Hemos puesto a personas u objetos primero que a YHVH? ¿Hemos caminado en nuestra propia prudencia, ignorando los consejos de YHVH? ¿Estamos tan comprometidos con el mundo que es casi imposible percibir la presencia de YHVH en nuestra vida? ¿Quién puede decir que no ha estado contaminado con alguna de estas cosas? Yo no puedo, sin embargo YHVH ha mostrado Su misericordia día a día en mi vida y seguro que en la tuya también. Es tiempo de buscar a YHVH con todo nuestro corazón, es tiempo de separarnos y prepararnos para su regreso.
“¡La voz de mi amado! He aquí él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados” (Cantares 2:8)
Solo hay un punto donde podemos oírlo y es donde nuestro espíritu se conecta con Su espíritu. Ahí es donde podemos escuchar la voz de Dios hablando a nuestro corazón. No es fácil. Es como conectarnos a Internet y encontrar cientos de obstáculos que interrumpen la conexión. Otras voces en la línea. Tal vez basura tratando de entrar, o fallas en el disco duro o mala instalación, o contraseña incorrecta, es sorprendente la cantidad de cosas que pueden dañar la comunicación. Pero más sorprendente aun, es el hecho de que podamos conectarnos con nuestro Padre Celestial quien habita el tiempo y el espacio y que conoce el fin desde el comienzo. Nuestra contraseña es Yahshua. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Necesitamos conocer las Escrituras para tener la conexión correcta y abrir nuestro corazón para recibir todo lo que Elohim tiene para nosotros. Pero el Creador no está limitado a medios de comunicación, El usa lo que quiera, puede hablar en una zarza ardiendo, en un susurro, un ángel, un sueño, aun el mismo Internet, todo lo que Él demanda de nosotros es un espíritu abierto para escuchar.
“He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6)
Cuando el alfarero va a hacer una vasija lo primero que hace es preparar el barro, luego le da forma en la rueca, la mete al horno para hacerla resistente, luego la pule con limas y papel lija y finalmente la decora o pinta. Este es un proceso que dicha vasija sufre una vez, ya terminada, pasa a dar el servicio para el que fue hecha. La vasija de nuestra vida es un poco más compleja, el proceso dura todo el tiempo de nuestro peregrinaje. El Alfarero está constantemente dándole forma en la rueca de nuestra vida. A medida que la rueca (vida) gira, nosotros tenemos el libre albedrío para rechazar la mano del Alfarero y hacer lo que NOSOTROS queramos hacer de la vasija, o humildemente someternos a las amorosas manos del Alfarero y dejar que nos haga como El quiere. Ahora, pensemos, si el Alfarero en respuesta a una oración nuestra decidiera soltarnos, ¿qué sería de nuestra vida? Por doloroso que sea el proceso, solo en Sus manos estamos seguros. En Jeremías 18 Yaweh le advierte a Su pueblo que si continúan haciendo un desastre de sus vidas, va a llegar el día cuando su obstinada voluntad va a destruir lo que El hizo en la rueca. Pero Elohim es lento para la ira y grande en misericordia y día a día nos está pidiendo que le permitamos darnos forma de nuevo mientras queda tiempo. El siempre está dispuesto a aplicar sus amorosas y firmes manos en el barro de nuestra vida y formarla de acuerdo a Sus propósitos.
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