Todos, en algún momento de la vida, tenemos uno de esos días en que todo sale mal. El despertador no suena, no hay agua caliente para bañarte, un accidente bloqueo el tráfico y llegaste tarde al trabajo, el jefe está de mal humor y nada le agrada, luego recibes una llamada que tu casa se inundó, cuando llegas en la noche tu esposo(a) está que te pide el divorcio porque todo es culpa tuya y ya cuando logras irte a la cama, solo puedes decir: gracias YHVH se acabó este día. Este no era el caso de Habacuc, su situación era verdaderamente desastrosa, no había alimento, las cosechas se habían dañado, habían perdido todo el ganado, el país estaba sumido en un completo caos, sin embargo, Habacuc encuentra motivos suficientes para alegrarse a pesar de las circunstancias. Pidámosle a Elohim que cuando estemos pasando por situaciones difíciles podamos ver todo lo que vio Habacuc y así clamar igual que él: “con todo, yo me alegraré en YHVH, me gozaré en el Elohim de mi salvación, YHVH, el Señor es mi fortaleza”. Y que pase lo que pase nada ni nadie pueda robarnos el gozo que solo la confianza en nuestro amado Padre Celestial puede dar.
No hay ni un solo momento de tribulación en la vida de un creyente que pone toda su confianza en Dios, en que no sea consolado y fortalecido por el Padre Celestial. La Biblia nos dice en 2Crónicas 16:9, “los ojos de YHVH contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él”. El todo lo sabe, todo lo ve, conoce hasta el más mínimo detalle de la vida de sus hijos. A través del Ruaj (Espíritu Santo) nos trae palabras de consuelo y paz, llena nuestro corazón de confianza y quita todo temor. Otras veces nos consuela a través de personas que nos dan una palabra de aliento suficiente para llenarnos de valor y confianza, o un abrazo que lo llena todo y nos hace sentir seguros de que El está en control. No importa como lo haga, lo importante es saber que el Príncipe de Paz obra a nuestro favor y está ahí en el momento que lo necesitamos. Obvio que no siempre es fácil, y El dijo que en el mundo tendríamos aflicciones, pero también prometió nunca abandonarnos ni desampararnos. Hagamos como dice 1Pedro 5:7, “echemos toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros”.
Los restauradores de pinturas algunas veces experimentan la emoción de descubrir que hay una segunda pintura debajo de la que intentan restaurar. La pintura original ha sido cubierta y oculta a la vista por muchos años. Nuestras vidas pueden ser algo así algunas veces. Tenemos nuestro verdadero yo, oculto, cubierto con máscaras. Es como un mueble al que en vez de lijar para volver a pintar, le ponemos capa tras capa de pintura y al final aunque se vea bonito, no tiene un color original. Necesitamos del amor del Padre y la obra de Su Ruaj Hakoddesh (Espíritu Santo) no solo para restaurarnos, sino también para mostrarnos que tenemos capa tras capa de pintura. Máscaras que necesitan ser removidas, cosas del pasado que necesitan ser resueltas, temores creados por experiencias que preferimos ignorar en vez de tratar, inseguridades causadas por palabras ofensivas o despreciativas que no nos permiten entender el amor de YHVH. Hay actitudes que necesitan ser confrontadas para descubrir su verdadera raíz. Cosas que hacemos y no nos agradan, pero que ya la máscara está tan pegada, que es casi imposible de remover, pero si le permitimos al Padre Celestial, el pintor universal, restaurarnos, podremos finalmente mostrar nuestra verdadera imagen, creada según YHVH.
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