Sabemos que Elohim tiene un plan para cada uno de sus hijos, sabemos que hemos sido creados a su imagen y semejanza, y sabemos porque lo dice las Escrituras, que somos tabernáculo (Sukkah) de Elohim y que Su Ruaj (Espíritu) mora en nosotros. Elohim le mostró el modelo del tabernáculo a Moisés en el monte, le mostro Su gloria, le mostró el futuro glorioso de Su pueblo y le advirtió que debía hacerlo exactamente conforme al modelo que le fue mostrado. El hombre a través de los años ha deteriorado el modelo de Elohim, ha creado tabernáculos hechos con ramas o doctrinas de hombres, ha inventado lulavs de filosofías y fábulas de las cuales nos advirtió Pablo – “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según el Mesías” – Colosenses 2:8. El modelo mostrado a Moisés en el monte ya no existe, el tabernáculo que el hombre ha hecho para Elohim, está lleno de idolatría, de basura doctrinal y piensa que Elohim va a depositar Su gloria en el. Ya es hora de volver, escucha el llamado del Amado, vuelve a tu Elohim hija de Sión. Busca la verdad en la Torah, la senda antigua, Elohim no ha cambiado sus parámetros, Su Camino sigue siendo el mismo. Vuelve a tu Adonaí, Israel
Durante la Fiesta de Tabernáculos, YHVH demanda que su pueblo habite en sukas para recordar los 40 años de peregrinaje por el desierto dependiendo totalmente de Él. El hombre ha logrado grandes cosas, curar enfermedades, viajar al espacio, comunicarse por medio de simples aparatos, internet, e incluso Israel ha inventado el Iron Dome que supuestamente puede detener los misiles. Pero a pesar de la ilusión de creer que somos suficientes, en realidad somos extremadamente vulnerables, aunque a veces se nos olvida y creemos que por tener un techo sobre nuestra cabeza, estamos en control. Sukkot cada año nos permite recordar los frágiles que somos y que no estamos en control de nada, solo YHVH puede halar las cuerdas de nuestra intrincada vida y darle verdadero sentido. El Iron Dome de Israel no es más que la mano de YHVH mostrando su misericordia. Dependemos totalmente de YHVH y El continuará conduciendo nuestra vida hasta su destino final.
En los tiempos de Yahushua, durante la Fiesta de los Tabernáculos, los sacerdotes ponían cuatro enormes candelabros en el atrio del Templo, los cuales encendían con la ayuda de escaleras por las que subían los niños levitas a encenderlos. Con el encendido de estas enormes lámparas, se iniciaba la celebración del “Gran Hosana”. La celebración duraba hasta las altas horas de la madrugada, con música, danza y regocijo, mientras las hermosas luces iluminaban toda la ciudad de Jerusalén. Dicen que las luces de la ciudad de veían desde todo el mediterráneo. A la mañana siguiente, el pueblo recitaba la oración de los 8 días de la fiesta – “Alabado seas Elohim, Rey del Universo, que hiciste la luz y la oscuridad, que nos das Shalom y que creaste todo, gracias te damos por la luz de la vida”. Fue en este contexto que Yahushua exclamó “Yo soy la Luz del mundo”. Nuestro Redentor, Yahushua, es la Luz del mundo. Quienes lo seguimos andamos en Su luz y debemos separarnos y ser esa “ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder”
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