La misericordia se entiende mejor cuando hemos tenido necesidad no solo de darla sino de recibirla. Es un regalo maravilloso, pero difícil de dar cuando hemos sido ofendidos. Nuestra naturaleza humana lucha y no está dispuesta a darla, no es fácil perdonar. Pero cuando nos encontramos en la posición opuesta y hemos sido los ofensores y necesitamos de ese perdón, podemos darnos cuenta del precio tan alto que tiene semejante regalo. No es lo mismo dar que pedir, pero con relación a las ofensas y el perdón, tanto el perdonar como el pedir perdón, es igualmente doloroso y difícil. Necesitamos que el Ruaj Hakoddesh nos revele y enseñe el maravilloso secreto que hay en dar o pedir perdón, los beneficios son innumerables. Cuando hay amargura en nuestro corazón causada por ofensas o cuando el orgullo nos impide aceptar que hemos ofendido, todo nuestro ser es afectado, sutilmente, sin darnos cuenta, empezamos a sufrir física, moral y espiritualmente y lo que el perdón hace, es traer sanidad total a nuestro ser.
En este mundo nos enfrentamos a todo tipo de obstáculos, pruebas y tribulaciones y debemos ser cautelosos de cualquier doctrina o enseñanza que diga que no enfrentaremos tales cosas, porque Yahushua mismo nos advirtió que sucedería, pero que no deberíamos temer porque no enfrentaríamos dichas situaciones solos, El estaría ahí, y YHVH es superior a cualquier problema. Los problemas y tribulaciones son oportunidades para mostrar el amor y el poder de YHVH en nuestra vida y son precisamente esas situaciones las que nos permiten dar testimonio a los incrédulos. Así que, cuando la tribulación toque a nuestra puerta, levantemos la cabeza y proclamemos con toda confianza: “Si YHVH es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” – Romanos 8:31. Además no olvidemos que: “a los que aman a YHVH, todas las cosas les ayudan a bien” – Romanos 8:28.
Estamos en proceso de construcción. Desde el día que el Ruaj Hakoddesh llegó a morar en nuestro corazón, ha estado trabajando con perfecta sabiduría, y con poder supernatural para renovarnos y transformar nuestro carácter, y hasta cierto punto, nuestra personalidad, y aún nuestro cuerpo físico, por medio de la Torah. Nuestro hombre exterior, este cuerpo mortal con su débil naturaleza está condenado a la muerte física. Sin embargo, una nueva vida habita esta vasija de barro, y esa vida está constantemente obrando afectando positiva y profundamente el cuerpo que la contiene. YHVH conoce todo sobre nuestra vida desde el momento de la concepción. Conoce nuestros dones, habilidades, fortalezas, debilidades, heridas y todas las características de nuestra personalidad, y quiere renovarnos de acuerdo al plan que tiene para cada uno de nosotros. El ha comprado la “propiedad” de nuestra vida con Su sangre. Estamos en buenas manos, nuestro Creador sabe lo que está haciendo. Nos está renovando, preparando de la mejor manera posible para la eternidad.
Hay 7 invitados y ningún miembro en línea