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Gota de Amor - Mayo 20/2015

“Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que YHVH ha mandado” (Éxodo 35:10

 

Vale la pena repetirlo: nuestro destino eterno es una elección que YHVH ha dejado a nuestra discreción – a cada uno individualmente.  Pero, nuestro papel o función dentro de la familia de la fe, una vez que hemos entrado en los vínculos del Pacto con YHVH, y hemos sido injertados y hechos parte del pueblo de YHVH, sigue siendo una prerrogativa divina.  Todos recibimos talentos – habilidades que debemos desarrollar para la gloria de Elohim y para el crecimiento del cuerpo del Mesías, que somos todos nosotros.  Ahora, no todos recibimos los mismos talentos, unos reciben diez, otros cinco, etc., y no es una vergüenza el ser menos talentoso, sino el no estar dispuesto a usar el talento recibido.  La construcción del Tabernáculo, nos provee una clara demostración de este principio.  Se necesitó de una gran variedad de expertos para hacer todo el trabajo del Tabernáculo, sus utensilios, las vestiduras de los sacerdotes, etc., y todos trabajaron en armonía por un objetivo común, según el Plan Maestro del Creador.  Pablo usa una metáfora diferente – el cuerpo del Mesías – para mostrarnos lo mismo.  Pero, aunque estamos unidos en propósito y destino, somos bien diferentes en cuanto a la función o habilidad.  YHVH le ha asignado a cada uno de Sus hijos una labor.  En la obra del Tabernáculo, unos cortaban madera, otros con esa madera, fabricaban los muebles para el Tabernáculo, otros los cubrían con oro.  Nadie lo hacía todo, ni siquiera los expertos, nadie trabajaba para sí.  Esto nos enseña que en el Reino de Elohim no hay “llaneros solitarios” y que todo lo que hacemos afecta la vida de otros y la obra que se está haciendo, por consiguiente debemos recordar que el amor exige que hagamos lo mejor para la gloria de Elohim. Hacer las cosas bien paga, siempre vamos a ser útiles.  Pero si paramos de aprender, corremos el riesgo de volvernos obsoletos en la obra.  El orgullo no tiene lugar en nuestra vida, todos cometemos errores y debemos aprender de ellos, nadie vive en el eterno éxito, es la forma como manejamos las crisis que definen nuestro carácter.  YHVH quiere piezas valiosas, pulidas en las tormentas para Su Templo.

 

Gota de Amor - Mayo 19/2015

“Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos; porque nunca más volverá a pasar por ti el malvado; pereció del todo” (Nahúm 1:15)

 

Si hubiera que resumir todo el mensaje de las Escrituras en una palabra, ¿cuál sería? Probablemente palabras como: amor, esperanza, salvación, vida eterna, paz o cielo serían las que aparecerían en la mente de la gente. Pero, creo que no hay mejor palabra que: Reconciliación. El diccionario define la palabra “reconciliación” como: restaurar una relación / harmonía / resolver un pleito. Cuando el hombre eligió rebelarse contra YHVH y entregarse al pecado en el Árbol de la Ciencia del bien y del mal, desobedeciendo a YHVH, escogió el camino de la separación del Padre Celestial. El pecado hizo que el hombre quedara separado de su Creador. Desde entonces, YHVH ha estado haciendo todo lo necesario para reconciliar al hombre con EL. Ha presentado los requisitos que el hombre debe seguir, para que la reconciliación sea posible. Las Fiestas de YHVH son sombras proféticas o símbolos de los pasos que el hombre debe tomar para reconciliarse con su Padre Celestial. Ellos son el completo plan de salvación o reconciliación enrollado en siete pasos, que una vez desplegados, revelan ante nuestros ojos el mensaje de la Torah desde Génesis hasta Apocalipsis – un mensaje que para la comprensión humana, es asombroso y profundo. Estas Fiestas son literalmente el esqueleto o estructura sobre las cuales las verdades de la Torah están colgadas. El mensaje de redención, santificación, salvación, expiación, las bodas del cordero, la Novia del Mesías y Yahushua el Mesías, todo está anunciado anticipadamente dentro de esta gloriosa vasija espiritual de las Santas Fiestas de YHVH, en siete pasos. Sin embargo, no importa que tan preparados académicamente estemos, ni cuanto conocimiento de la Torah tengamos, es imposible entender las Fiestas a menos que caminemos en ellas y las interpretemos desde la perspectiva hebrea. ¡Preparemos para Shavuot!

Gota de Amor - Mayo 18/2015

“Yo soy YHVH tu Elohim, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Deuteronomio 5:6-10)

 

Yo soy YHVH tu Elohim, esto es lo primero que tenemos que entender. El Todopoderoso que está haciendo este acuerdo no es otro que YHVH. Muchos llamados dioses eran adorados en las culturas paganas alrededor del mundo, pero nuestro Elohim no era uno de ellos. Y por si no está acostumbrado con el nombre Elohim, él después se describe asimismo como aquel que “te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre”. Este es el Elohim que está haciendo este acuerdo con Israel. La primera instrucción dada por el Todopoderoso, es: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. La frase; delante de mí, en Hebreo es = al panav que significa: en mi rostro. Parafraseando lo que Elohim dice: no traigas otros llamados dioses para ponernos en mi rostro. YHVH es Elohim y no hay otro – “Yo soy YHVH, y ninguno más hay; no hay Elohim fuera de mí… no hay más que yo; yo YHVH, y ninguno más que yo” – Isaías 45:5-7. En resumen; la primera parte de este acuerdo o pacto, es reconocer que YHVH es Elohim y no poner nada delante de él como dios. Nada en tu vida puede suplantar el lugar de Elohim. El amar a Elohim sobre todas las cosas que es la forma como todos conocen este mandamiento, no es entendido ni practicado como verdaderamente debe ser. La mayoría de la gente tiene a Elohim como aquel que le conserva y protege todo aquello que aman sobre todas las cosas. Esposo(a), hijos, comodidad, empleo, situación económica y aún ellos mismo son amados por encima de todo. Si quieres saber quién es tu Elohim, solo piensa en esto: Todo aquello que temes perder, es tu dios. Cada que piensas y declaras que sin determinada persona, objeto o situación no podrías vivir, estas poniendo otros dioses en el rosto de YHVH, le estás diciendo; esto o aquello es mi dios, esto o aquello es lo que amo por encima de todo y sin ello no puedo vivir. Israel vivía en Egipto esclavo, tenía muchas cosas, comían según ellos delicias – “¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” – Números 11:4-5. Una vez libres empezaron a extrañar todo lo que la esclavitud les daba. Oremos que no seamos hallados igualmente extrañando lo que el sistema nos da y pongamos dioses ajenos en el rostro de YHVH.

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