Cuando la tradición usurpa la Escritura, ¿quién tiene la última palabra en tu corazón? Es una pregunta vital que todos debemos responder, porque ella revela donde está nuestra lealtad. ¿Nos mantenemos fieles a la verdad, así se levante el infierno, o modificamos nuestra fe para acomodarla a la mente y pensamiento secular occidental? ¿Viviremos de TODA palabra que salga de la boca de YHVH sin importar el costo, o nos uniremos a la multitud que sigue un líder que adapta la Escritura para que encaje en la tradición y pensamiento religioso moderno? ¿Nos mantenemos fieles a la Torah, o edificamos nuestra fe en arena filosófica o aún en opinión teológica? ¿Aceptamos la revelación del Ruaj Hakoddesh o aceptamos las interpretaciones de hombres falibles como Orígenes, Platón o Clemente considerados padres de la iglesia por el cristianismo? Cuando se hacen leyes que demandan obediencia a un poder religioso que hace que la obediencia a YHVH y Su Torah, sea vista como rebelión, ¿permitiremos que el temor a ser malinterpretados, o llevados a juicio o castigados, nuble nuestra razón? Muchos no tendrán que enfrentar dicha presión porque han sometido su destino al liderazgo de la iglesia, antes que se presente la prueba. Cuando se levante la guerra y mi fe en Yahushua y en la Torah sea motivo de persecución, recordemos que: “El perfecto amor echa fuera el temor”. Nuestra fe no es negociable. Muchos profesan conocer a Elohim, pero con los hechos lo niegan.
“Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte (Deuteronomio 2:3)
Debemos tener cuidado de no caer en ninguno de estos dos extremos, ambos devastadores para nuestra vida. 1. Estar cómodos con la situación actual y no desear cambios – “Ay de los reposados en Sion…” Amos 6:1. 2. Hacer las cosas sin pensar. Ambos son contrarios a las Escrituras que dicen: “Encomienda a YHVH tu camino, y confía en Él; y Él hará” – Salmo 37:5. Elohim le dice al pueblo de Israel: “Bastante habéis rodeado este monte…”. Ese monte no era donde YHVH quería que su pueblo estuviera, El tenía mucho más para ellos. “Volveos al norte”. Ellos necesitaban moverse en esa dirección. No tenían que seguir viviendo en el desierto, sino seguir hacia la Tierra Prometida, hacia la bendición de YHVH. Aunque Elohim les había provisto de todo lo necesario en el desierto, y ellos habían aprendido a oír Su voz, ya era hora de seguir adelante. Diariamente YHVH nos bendice y provee, pero él quiere vernos desear las riquezas de Su gracia y no apegarnos a la basura de este mundo. Solo podemos resistir el mal, cuando nos sometemos a YHVH. Debemos estar atentos a la voz del Padre cuando nos diga que ya es hora de movernos y no apegarnos a situaciones, lugares, ni gente. El sabe cuál es el mejor lugar para nosotros y cuando es el momento para ir hacia él.
“Pues YHVH tu Elohim te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto…” (Deuteronomio 2:7)
Nuestra vida es un camino ya trazado por YHVH. Todos aquellos que creemos en YHVH y tenemos nuestra confianza puesta en la obra del Mesías, salimos de Egipto y vamos hacia la Tierra Prometida. Este viaje nos lleva por todo tipo de terrenos, desiertos, valles, montañas, ríos, etc. En cada lugar hay lecciones que aprender y bendiciones para recibir. En cada etapa del camino, encontramos no solo la corrección y guía de nuestro Adonai, sino también su amor y misericordia. Al pueblo de Israel se le ordenó pasar por la tierra de Esaú, mas no quedarse en ella, seguir el camino. Hay muchas cosas en este sistema que pueden desviar nuestra mirada del verdadero objetivo de nuestra vida. Todo obstáculo en nuestro viaje hacía la Tierra Prometida, debe ser removido. También se le prohibió al pueblo meterse o interactuar con los hijos de Esaú, no pedirles nada, todo comprarlo con dinero. Cuando leemos estos versículos creemos que son simplemente historia y nada tienen que ver con nosotros hoy, pero estamos muy equivocados, todo en la Escritura tiene un propósito, y todos los triunfos y fracaso del pueblo de Elohim, fueron escritos para nuestra enseñanza, ejemplo y guía. Al igual que Israel, se nos prohíbe mezclarnos y se nos ordena mantenernos separados – kaddosh – para YHVH.
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