Vale la pena repetirlo: nuestro destino eterno es una elección que YHVH ha dejado a nuestra discreción – a cada uno individualmente. Pero, nuestro papel o función dentro de la familia de la fe, una vez que hemos entrado en los vínculos del Pacto con YHVH, y hemos sido injertados y hechos parte del pueblo de YHVH, sigue siendo una prerrogativa divina. Todos recibimos talentos – habilidades que debemos desarrollar para la gloria de Elohim y para el crecimiento del cuerpo del Mesías, que somos todos nosotros. Ahora, no todos recibimos los mismos talentos, unos reciben diez, otros cinco, etc., y no es una vergüenza el ser menos talentoso, sino el no estar dispuesto a usar el talento recibido. La construcción del Tabernáculo, nos provee una clara demostración de este principio. Se necesitó de una gran variedad de expertos para hacer todo el trabajo del Tabernáculo, sus utensilios, las vestiduras de los sacerdotes, etc., y todos trabajaron en armonía por un objetivo común, según el Plan Maestro del Creador. Pablo usa una metáfora diferente – el cuerpo del Mesías – para mostrarnos lo mismo. Pero, aunque estamos unidos en propósito y destino, somos bien diferentes en cuanto a la función o habilidad. YHVH le ha asignado a cada uno de Sus hijos una labor. En la obra del Tabernáculo, unos cortaban madera, otros con esa madera, fabricaban los muebles para el Tabernáculo, otros los cubrían con oro. Nadie lo hacía todo, ni siquiera los expertos, nadie trabajaba para sí. Esto nos enseña que en el Reino de Elohim no hay “llaneros solitarios” y que todo lo que hacemos afecta la vida de otros y la obra que se está haciendo, por consiguiente debemos recordar que el amor exige que hagamos lo mejor para la gloria de Elohim. Hacer las cosas bien paga, siempre vamos a ser útiles. Pero si paramos de aprender, corremos el riesgo de volvernos obsoletos en la obra. El orgullo no tiene lugar en nuestra vida, todos cometemos errores y debemos aprender de ellos, nadie vive en el eterno éxito, es la forma como manejamos las crisis que definen nuestro carácter. YHVH quiere piezas valiosas, pulidas en las tormentas para Su Templo.
Los días del sacerdote Elí, fueron días muy duros. Elí había fallado en enseñar a sus hijos el Camino de YHVH – “Los hijos de Elí eran hombres impíos y no tenían conocimiento de YHVH” – 1Samuel 2:12. Así que si el sacerdote era negligente con su propia casa ¿qué podemos esperar con el pueblo que ya estaba acostumbrado a ir tras dioses ajenos y costumbres paganas? Israel siempre se contaminó con los pueblos vecinos y aprendió sus costumbres. Desde que Elohim lo redimió de Egipto, vez tras vez, se desviaba y seguía pueblos que no tenían conocimiento de Elohim. Le costó mucho a Israel asumir la identidad de ser el pueblo de Elohim. Lo triste es que hoy también escasea la Palabra (Torah) de YHVH. Hay muchas corrientes y doctrinas, pero la mayoría están contaminadas con costumbres paganas igual que antes. El pueblo de nuevo se contaminó con los pueblos vecinos y sus costumbres paganas (sistema). No ha podido asumir y adoptar la identidad del pueblo de Elohim. No ha entendido que ser Su pueblo implica ser Kaddosh (separado). Que hay límites bien demarcados para el pueblo de Elohim y constantemente los violan y traspasan los linderos establecidos por Elohim. No hay vision definida de YHVH. La mayoría de los profetas hoy en día han malinterpretado la función del profeta que es de volver el pueblo a la Torah y se han dedicado a profetizar de su propio corazón lo que desean para su grupo particular, solo quieren complacer el comezón de oír cualquier cosa que tiene el pueblo. Finalmente, Elohim le envía un mensaje a Elí – “Yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Elohim, y él no los ha estorbado” –1Samuel 3:13. Pidámosle a YHVH que nos dé la sabiduría y la valentía para proclamar Su Torah, a tiempo y fuera de tiempo, para que no escasee.
Oseas describe el rechazo de la Torah y como este rechazo corrompió al pueblo y lo distancio de YHWH. En Oseas 4:6 dice: “Mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque te olvidaste de la Torah de tu Elohim, también yo me olvidaré de tus hijos”. Pablo describe a la gente que viviría durante los últimos tiempos, como culpable del mismo pecado, del rechazo de la Torah. 2 Timoteo 3:1-6 – “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… amadores de los deleites más que de Elohim, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella…”. Si lee todo el texto verá que no solo esta Escritura describe al mundo y la gente actual, sino que también es un retrato bien fiel de mucha gente en las iglesias. El cristianismo hoy en día tiene apariencia de piedad, de santidad, pero niega el poder de los parámetros de Elohim expresados en la Torah, que no son más que las instrucciones de Elohim para vivir una vida recta. Igual que en la época de Oseas, el pueblo está siendo destruido por falta de conocimiento, no quieren oír la verdad, la toman como “cosa extraña”. “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirá la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” – 2Timoteo 4:3. La palabra “sufrirá” es una mala interpretación de la palabra “anechomai” del G430 que significa = tolerar – aguantar – aceptar sin quejarse. El pueblo no quiere escuchar nada que lo comprometa, que le exija, nada que le demande ser kaddosh (separado) del sistema. Igual que Israel, quiere tener rey como todas las demás naciones y ser parte del mundo o sistema, hacer y vivir como vive el resto del mundo. Pablo nos enseña que los creyentes de los últimos tiempos estarían involucrados en una apostasía masiva, en un rechazo a la fe de las Escrituras, en una negación de la Torah y su efecto. Este es precisamente el estado en que la iglesia se encuentra hoy en día. La iglesia niega que la Torah tenga validez sobre el Nuevo Testamento, no quiere ver que el Nuevo Testamento confirma la Torah. “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la Palabra (Torah) que habéis oído desde el principio” – 1Juan 2:7.
Hay 30 invitados y ningún miembro en línea