“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído YHVH tu Elohim estos cuarenta años en el desierto” (Deuteronomio 8:2)
La Escritura continua: “… para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”. Elohim le recuerda constantemente a los Israelitas, su viaje por el desierto, de cómo dependían totalmente de Él, no quiere que lo olviden, quiere que mantengan sus ojos puestos en él. En el desierto es donde nos damos cuanta verdaderamente de que estamos hechos, todo lo que somos sale a la luz. Es allí donde sabemos si de verdad nuestro corazón le pertenece a YHVH o no, si lo obedeceremos a pesar de las circunstancias, de la aridez, de la sequía, de la aparente desolación, es allí donde tomamos las decisiones más importantes de nuestra vida, es allí donde decidimos confiar en YHVH o seguir nuestro propio camino. Elohim le prometió al pueblo ciertas cosas si ellos obedecían sus mandamientos. Por cuarenta años: su vestido no se envejeció, ni sus pies se hincharon. Les prometió una tierra de arroyos, de fuentes de manantiales; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel. Tierra en la cual no comerían el pan con escasez, ni les faltaría nada en ella. Pero también les recordó que: “no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de YHVH vivirá el hombre”. La tierra produce y todos, justo e injustos comemos de ella, pero solo aquellos que comen del pan verdadero, de la palabra, de la Torah de YHVH tiene la verdadera vida.
“Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace esto con motivo de lo que YHVH hizo conmigo cuando me sacó de Egipto” (Éxodo 13:8)
Es bueno ver los relatos de la Biblia como recuerdo de nuestras propias experiencias y de nuestro viaje espiritual. Salí de Egipto, de la tierra de servidumbre. Salí por la mano fuerte de YHVH, por Su brazo extendido. Salí de Egipto por medio de milagros y señales maravillosas. Salí de Egipto por la gracia de Elohim. Salí de una vida de pecado, y de la esclavitud de un amo brutal y malvado. Fui liberado del reino de las tinieblas. Fui transformado en un súbdito del Rey del Universo. Una vez libre, mi Redentor no me llevó a la Tierra Prometida por el camino más corto – me guío por el camino del desierto. El viaje a través del desierto hasta la Tierra Prometida, debía pasar por Sucot. Sucot significa en Hebreo = Albergue temporal. Sucot es un desvío, es un lugar de reto, es el lugar donde muchos deciden devolverse. Es necesario pasar por Sucot en nuestro peregrinaje. Es allí donde YHVH nos muestra que el Camino que El nos ofrece, es un Camino de total dependencia. Nada a partir de Sucot va a ser permanente, ni tu posición económica, ni tus posesiones, ni tus apegos. A partir de Sucot, todo lo que sostiene tu vida, es tu confianza en YHVH. Me imagino que muchos pueden pensar como lo hice yo, que podemos seguir a YHVH pero seguir teniendo todo lo que nos gusta del sistema – comodidad, complacencia, y por supuesto, seguridad económica bancaria, no celestial. Sucot fue mi lugar de reto y espero que lo sea de ustedes también. Shalom.
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Elohim… y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27)
Job después de perder sus hijos, su fortuna y finalmente su salud, expresó su confianza en Elohim con estas palabras, aún dijo: “He aquí, aunque El me matare, en El esperaré” – Job 13:15. Muchos citan a Job como ejemplo de paciencia, pero yo creo que Job es un ejemplo de confianza y seguridad en YHVH. Esta experiencia no es única para Job, YHVH dice que El disciplina y prueba a sus hijos. Todos, quienes portamos en nuestro corazón Su bandera de amor y manifestamos con nuestra vida que somos hijos de Elohim, estamos en la lista de “control de calidad”, todos sin excepción, de acuerdo a Su divina sabiduría, seremos probados. Unos más otros menos, pero a todos nos da la medida de fortaleza que necesitamos para pasar la prueba, y al final, aunque aporreados estoy segura que salimos más cerca de Elohim y más enamorados de Su divina presencia. Yo sé que las promesas de Elohim son verdaderas, que El solo demanda de nosotros obediencia a Su Torah y ha prometido que bendecirá nuestra entrada y nuestra salida. Sé que Su voluntad perfecta se hará en la vida de todos quienes le amamos, sé que todo obra para bien y sé que aunque mi corazón desfallece dentro de mí, mis ojos verán Su gloria. No es fácil cuando se está en medio de la prueba, pero es lo mejor que Elohim tiene para nosotros en ese momento y debemos con gratitud decir “este es el día que hizo YHVH, me gozaré y me alegraré en él”. Gracias Eterno Elohim por las pruebas. Gracias porque a través de ellas formas nuestra vida. Gracias por acercarnos más y más a ti por medio de ellas. Shalom
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