“¿No es El tu padre que te creó? El te hizo y te estableció” (Deuteronomio 32:6)
Sabemos que somos el producto de un proceso natural. Pero, ¿es solo eso? Si fuéramos el producto de un proceso natural únicamente, entonces nada importaría, la existencia, conciencia, deseos, amor, todo no sería otra cosa que eventos físicos. La vida no tendría sentido, aun las relaciones no tendrían propósito. Los valores, estándares morales y éticos no tendrían bases, serían solo preferencias y deseos. Para muchos eso es exactamente, por eso no debe sorprendernos que las sociedades hoy en día corran desbocadas hacia una anarquía moral. Pero muchos sabemos que la vida si tiene sentido. Sabemos que las relaciones, especialmente las más íntimas no son producto del azar, y la relación padre - hijo es crucial para entender esto, porque nos da identidad y pertenencia, porque se deriva del Padre Eterno — “Porque en El vivimos y nos movemos…” Hechos 17:28. YHVH es el origen de todo, de nuestra vida, que use elementos secundarios como nuestros padres terrenales para traernos a este sistema, es irrelevante. Existimos porque YHVH así lo ha querido, El maneja las cuerdas de nuestra vida y saberlo nos debe dar tranquilidad y paz, porque aunque nuestros padres terrenales falten, YHVH está ahí, nuestro Padre Celestial siempre está presente ayudándonos a entender que la vida tiene un propósito y que solo lo podemos cumplir en El.
“De Ramesés salieron en el mes primero… el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios” (Números 33:3)
El primer error de Israel en su partida, fue del corazón. Ellos dejaron físicamente el reino de Egipto, pero sus corazones quedaron allá. Vez tras vez en el desierto vemos como anhelaban volver, como no se habían desprendido totalmente de todo lo que Egipto representaba. Ya vimos que la vida de Israel en Egipto no empezó en esclavitud, termino así. El proceso de cómo Israel llego a ser esclavo, tiene lecciones para nosotros hoy. Satanás sigue inspirando un espíritu de cínica justificación en el cautivo que acepta como normal el pecado, aceptando la maldad con tolerancia. Lleva incautos a acciones que requieren compromiso de conciencia, tal vez un poco al comienzo, pero finalmente los ata a hábitos que fortalecen los grilletes de la esclavitud. De la misma forma como los Israelitas fueron lentamente abusados hasta esclavizarlos, Satanás no empieza con cadenas espirituales, él primero muestra el burbujeante vino, luego la intoxicación y finalmente la esclavitud, como un espiral, buscando diariamente un poco más para hacer la vida más tolerable. Israel cada que encontraba un obstáculo, recordaba su esclavitud en Egipto y deseaba la provisión de la oscuridad por encima de la libertad y la maravillosa provisión de YHVH Jireh, quien los suplía de todo. Israel seguía con las cuerdas de su corazón atadas a Egipto. Igualmente hoy, muchos creen que pueden tener lo mejor de ambos, las bendiciones del Reino de YHVH, y seguir en el mundo (sistema). Pero para ser verdaderamente libres debemos dejar a Egipto no solo físicamente sino en el corazón.
“Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras” (Salmo 103:7)
Cuando Adán y Eva pecaron, YHVH los echó del paraíso llamado Edén. Ellos empezaron a deambular en busca de redención en un desierto de separación producido por su pecado. Desde ese momento, el hombre ha continuado en esa búsqueda. Esa búsqueda, los llevó más lejos de YHVH y de esa anhelada redención. Elohim sabía que eventualmente El tendría que buscar el hombre y enseñarle el Camino de nuevo. Cuando Elohim saca a Israel de Egipto, lo lleva al Sinaí para mostrarles su destino. Después de revelarse a ellos, los lleva a un monte en el desierto – al Monte Sinaí – y les presenta una alternativa, un estilo de vida que les daría esperanza y los guiaría a la vida eterna, a una comunión con su Creador. Les dio un propósito, un destino. YHVH les dio un trabajo para hacer, debían construir un tabernáculo, un lugar de descanso, de sanidad, de limpieza, de íntima comunión con El. Tal vez el pueblo no se dio cuenta que ese tabernáculo sencillo, era su esperanza, era el camino de regreso al paraíso. Fuera de ese tabernáculo, había calor, había un desierto desolador lleno de serpientes, escorpiones y los temibles Amalecitas. Dentro del tabernáculo estaba la redención, la limpieza, la vida, el alimento, todo lo que los guiaría a la presencia del Elohim de Israel – era la sombra de la Nueva Jerusalén. David lo entendió y dijo: “Sus caminos notificó a Moisés”. David sabía que ese tabernáculo, cuyo modelo le fue mostrado a Moisés en el Monte, era el Camino de YHVH. La historia de los hijos de Israel, es tu historia y la mía. Es ambas, la historia antigua y la nueva, es una historia eterna. La necesidad del hombre, y el mensaje de redención, es el mismo ayer y hoy. El plan que Elohim le dio al pueblo de Israel en el desierto, es el mismo que nos da a nosotros hoy. El tabernáculo (Yahushua) sigue en pie, el Camino que el pueblo de Israel no encontró en ese entonces, ha sido delineado en Yahushua y abierto para todos hoy.
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