“Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo… hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días, entonces ofreceréis el nuevo grano a YHVH” (Levítico 23:15-16)
YHVH no le ordenó al pueblo contar el Omer, o sea el período entre la Pascua y Shavuot (Pentecostés), solo por contar días, sino como un tiempo de expectativa al cumplimiento de la promesa de YHVH de dar la cosecha del trigo en su tiempo. YHVH puso a Israel a vivir en una tierra hostil donde la agricultura era difícil porque quería que confiaran en El para su sustento, hoy en día dependen de la tecnología y contar el Omer se volvió un acto religioso y no un acto de fe. Sus pueblos vecinos adoraban a Ba’al para lidiar con sus temores por las cosechas e Israel estuvo tentado a hacerlo muchas veces en vez de confiar en YHVH. Nuestro caminar como creyentes no es diferente y mientras esperamos las promesas de Elohim, podemos tener ansiedad y temor sobre circunstancias fuera de nuestro control y también sentimos la tentación de confiar en otros dioses en vez de esperar en YHVH. El sistema ofrece cantidad de soluciones a nuestros problemas que se ven más atractivos y aparentemente más asequibles que poner nuestra confianza en YHVH. Los amigos, el banco, las tarjetas de crédito, o incurrir en actividades poco ortodoxas en busca de soluciones. Pero Dios quiere que contemos el Omer y esperemos confiados en El. No es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse y siempre es fiel a Sus promesas. Hoy es el día cuarto de la cuarta semana del Omer.
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos esperanza” (Romanos 15:4)
¿De dónde sacamos esperanza cuando reina la desesperanza? Todos tenemos días cuando solo queremos llorar, gritar, correr, o nos quedamos mudos y quietos sin saber qué hacer ante la situación, las paredes de la vida se nos vinieron encima y no vemos salida. Pablo llamó al Padre: “Elohim de esperanza”. Pero, ¿cómo encontrar esa esperanza? Dos pasos dice la Escritura que debemos dar: El primero es paciencia, esperar con dientes apretados si eso nos ayuda. Esperar sin importar que tan dolorosa sea la situación y lo lento que creemos ver a YHVH actuar, nos ayuda a crecer y a madurar. El segundo es la confianza que obtenemos de las Escrituras. Ahí está, escrito para ti y para mí, del corazón de YHVH, la promesa de que no importa que tan difícil parezca, El está ahí con nosotros, que nada es imposible para El, que así estemos pasando por el agua o por el fuego, El nos sacará. Y lo más maravilloso es que esa paciencia y consolación que necesitamos también proviene de El, El nos la da: “pero el Elohim de la paciencia y de la consolación”. El no espera que lo hagamos solos, El nos apera de lo necesario para dar el paso que nos está pidiendo que demos.
“¿Qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos con lo está YHVH nuestro Elohim en todo cuanto le pedimos? Y ¿Qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta Torah que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deuteronomio 4:7-8)
Fue la realidad práctica de Elohim la que hizo que Israel se destacara entre las naciones de su tiempo. Obviamente fue la Torah la que hizo que fuera tan evidente su carácter distintivo. Cuando YHVH esta obrando en medio de ti, no tienes que vivir la vida como si El no estuviera haciendo nada. Por eso es tan importante seguir las directrices (Torah) de YHVH. Desobedecer sus instrucciones, es una muestra evidente de que El no habita en medio de ti. Ahora, debido a la participación íntima de YHVH en nuestras vidas, podemos sentirnos desconectados de los que nos rodean. A pesar de que como pueblo de YHVH pertenecemos a una familia o comunidad, aun podemos experimentar el sentido de no pertenencia, por tener que compartir con tanta gente a nuestro alrededor que no conoce a YHVH y a diferencia del Israel antiguo, no vivimos en una comunidad nacional aislada. Por el contrario, estamos esparcidos entre las naciones del mundo, llamados a ser luz para los demás. Al mismo tiempo, nuestro sentimiento de no pertenecer puede ser abrumadoramente doloroso. Es un camino de soledad, en cuanto al sistema, por eso es imperativo que nuestra relación con YHVH sea íntima y fuerte.
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