“Enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de YHVH. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de YHVH, y no la hallarán” (Amós 8:11-12)
Versículos bastante controversiales considerando la proliferación de denominaciones y grupos todos supuestamente dando la palabra de YHVH. Solo le queda a uno pensar que tal vez, lo que están dando no es la palabra de YHVH, sino palabra de hombre, o textos bíblicos con interpretación privada. Cualquiera que sea el caso, la situación es bastante clara y mi oración es porque aquellos que aman la verdad, la busquen con todo su corazón antes que sea demasiado tarde y solo quede hambre y sed de Elohim, sin tener quien la sacie. No se extrañe de que llegue a faltar la palabra, ya ocurrió en los días de Samuel – “El joven Samuel ministraba a YHVH en presencia de Elí; y la palabra de YHVH escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia” – 1Samuel 3:1. Samuel fue el último juez y “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” – Jueces 17:6. Mas o menos lo mismo que vivimos hoy en día donde la anarquía es rampante, la indiferencia hacia YHVH y Su Torah, es común denominador aun en los círculos religiosos, que más parecen clubs sociales llenos de programas que proclaman todo menos la santidad y obediencia. La palabra que se escucha ahora, es la de los líderes, la de los grandes evangelistas de T.V., la de los teólogos de seminarios, o la de aquellos que engañados por la sabiduría terrenal, llegan a conjeturas acerca de Elohim que nada tienen que ver con la realidad de que es Elohim Santo, Justo, Fuego Consumidor que consumirá a sus adversarios y a todos aquellos que proclaman con falsedad Su nombre. Yahushua sabía que vendrían estos días y dijo: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
“Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que YHVH ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a YHVH las palabras del pueblo” (Éxodo 19:8)
Éxodo 19:1 registra la llegada del pueblo de Israel al desierto del Sinaí, el día primero del mes tercero. Número 10:11 registra la salida del pueblo del desierto del Sinaí, el año segundo, en el mes segundo, el día veinte. Exactamente once meses y veinte días, casi un año. Todo lo que está registrado entre eso dos libros, ocurrió en el Sinaí. Moisés subió varias veces al monte durante este tiempo y recibió, no solo los diez mandamientos, sino también instrucciones sobre las Fiestas, y sobre el Tabernáculo. YHVH estaba formando una nación y tuvo al pueblo allí durante este tiempo, formándolo, enseñándole, preparándolo para tomar posesión de la tierra que había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. El pueblo hizo pacto con YHVH, dijo: “Todo lo que YHVH ha dicho, haremos” – pero no había salido del Sinaí, cuando el pueblo estaba cometiendo el pecado que hasta hoy, se considera el día más desastroso para Israel – el becerro de oro -- ¿Qué castigo tiene la Torah para la rebelión voluntaria? ¿Qué podía hacerse con un pueblo que había sido liberado de la esclavitud por medio de maravillas y milagros, había hecho un pacto con YHVH y solo por lo que consideraban tardanza de su líder, pisoteaban la sangre del pacto que acababan de hacer con YHVH? Y ¿qué podemos decir del pueblo hoy en día, que confiesa tener a YHVH como su Elohim y a Yahushua como su Redentor y pisotean el pacto contaminándose con el sistema, ignorando la Torah y no glorifican al Elohim del Universo? El pueblo sigue siendo tan idolatra y adultero como antes. “Oye Israel, YHVH tu Elohim, YHVH UNO es”
!FELIZ SHAVUOT¡
“Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Elohim; y se detuvieron al pie del monte” (Éxodo 19:17)
Cincuenta días habían pasado desde la salida de Egipto y había llegado el gran momento, el acontecimiento único en la historia de la humanidad. Elohim iba a hablar. Durante dos días el pueblo había estado purificándose y preparándose para el tercer día cuando YHVH descendería. Y YHVH habló – Shemot Rabá, 29 – Cuando Elohim entregó la Torah: Ningún pájaro trinó, ninguna ave voló, ningún buey emitió sonido, los ángeles no volaron, los serafines no dijeron Kaddosh, el mar permaneció inmóvil, ninguna criatura habló, el mundo se sumió en un profundo silencio, y se escuchó una voz: “YO SOY ADONAI, TU ELOHIM”. El pueblo había sido liberado de la esclavitud de Egipto y ahora iba a recibir la Torah que sellaría su libertad. Solo los hombres libres pueden recibir la Torah. La Torah no es un yugo como cree y enseña el cristianismo moderno, la Torah es la verdad que hace libre al hombre – “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” – Juan 8:32. El hombre no puede ser verdaderamente libre, si no se libera del hombre. La libertad se fundamenta en la observancia de la Torah. En el Sinaí, YHVH le entregó a Su pueblo el código de conducta que debía regirlos de ahí en adelante. La Torah es la voluntad de Elohim para Su pueblo, es el corazón de Elohim. Pero la Torah no permanecería en piedras, en Jeremías 31:33 YHVH promete que un día, reconfirmaría el pacto con su pueblo y pondría la Torah en sus corazones. “Prepárate para venir al encuentro de tu Elohim, oh Israel” – Amós 4:12
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