“Altar de tierra harás para mí, y sacrificaras sobre el tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que este la memoria de mi nombre vendré a ti y te bendeciré” (Éxodo 20:24)
YHVH tuvo cuidado de dejar las instrucciones sobre como debíamos edificar altar a Su nombre. Lo primero que debemos saber es que el propósito del altar es: adoración, sacrificio. No es un simple monumento para conmemorar una persona o evento. No es un podio desde donde alguien predica. El altar es solo para adorar y sacrificar. Ayer hablamos de nuestro altar personal, hoy quiero hablarles del altar de nuestro hogar. Así como antes de edificar nuestro altar personal, debemos derribar todo altar edificado a otros dioses en nuestro corazón, igual nuestro hogar puede estar contaminado con altares de otros dioses, por lo que hayamos permitido que se haga, o diga en él, por los objetos de podemos tener y que no glorifiquen al Padre, por las personas que recibimos sin saber sus prácticas – “Si alguien los visita y no lleva esta enseñanza, no lo reciban en casa ni le den la bienvenida, pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas obras” – 2 Juan 1:10-11. El altar de nuestro hogar, en donde adoramos, crecemos, aprendemos y sacrificamos como familia. Padres e hijos juntos, hermanos, esposos, es ahí donde derramamos nuestro corazón ante el Padre como familia y recibimos dirección para nuestra vida familiar. Selah.
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