“En aquel tiempo YHVH dijo a Josué: hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel... Y YHVH dijo a Josué: hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto” (Josué 5:2-9
Pesaj (Pascua) celebra la liberación de Israel de Egipto – dejaron su antigua vida de esclavitud y fueron adelante hacia la tierra prometida, y a una nueva vida. El propósito no era solo salir, sino también llegar a su destino. Sin embargo, se retrasaron 40 años en el desierto. Pero finalmente, Israel cruzó el río Jordán hacia la tierra prometida, y al entrar YHVH le ordena a Josué circuncidar al pueblo. Era necesaria la circuncisión antes de pasar a la tierra prometida. Pesaj, es nuestra liberación del pecado y de la muerte a través del sacrificio del Cordero Pascual. Es necesaria la circuncisión del prepucio de nuestro corazón, para tomar posesión de la herencia adquirida a través de nuestro Mesías. La circuncisión del corazón es indispensable si queremos ser parte del pueblo de YHVH, es imposible ser transformados y renovados como una nueva creación, sin haber tenido una cirugía de corazón abierto donde el Ruaj deposita la Torah en él, y nos capacita para vivir la vida diseñada por YHVH para Su pueblo. La conmemoración está cerca, nuestra Pesaj ya fue sacrificada, pero Yahushua nos pide recordarla cada año mientras regresa y bebe esa copa de nuevo con nosotros.
“Bienaventurado el hombre que teme a YHVH, y en sus mandamientos se deleita en gran manera” (Salmo 112:1)
No hay nada que podamos hacer para ganarnos el amor de YHVH, pero si queremos experimentar Sus bendiciones, necesitamos llenar los requisitos expresados en Su Palabra. El Salmo 112 detalla una lista completa de bendiciones, y la clave para recibirlas está en el primer versículo: “Bienaventurado es el hombre que teme a YHVH y en sus mandamientos se deleita... y prosigue enumerando las bendiciones: su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa... es clemente, misericordioso y justo... gobierna sus asuntos con juicio... no tendrá temor de malas noticias; su corazón estará firme, confiado en YHVH... reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre”. Vivamos una vida que honre y glorifique a nuestro Padre, y deleitémonos obedeciéndole.
“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Yahushua” (Hebreos 12:1-2)
En los antiguos juegos olímpicos griegos, solo se corría una carrera. El ganador no era el primero que llegara a la meta – era aquel corredor que terminara la carrera con su antorcha encendida. A veces, cuando pasamos por situaciones difíciles, tribulaciones, problemas, sentimos que no podemos continuar la carrera, el camino se hace intolerable y claudicar se hace más atractivo que continuar. Son esos momentos los que el enemigo aprovecha para crear desanimo, y hacernos creer que la victoria en imposible, sin embargo, es en esos momentos cuando más debemos aferrarnos a YHVH y a Sus promesas – “Decid a los de corazón apocado: esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Elohim viene con retribución, con pago; Elohim mismo vendrá y os salvará” – Isaías 35:4.
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