“El amor es sufrido, es benigno… no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor… todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1Corintios 13:4-8)
¡Que grandioso es el poder del amor! Ha conquistado reinos, ha cruzado océanos, ha inspirado cientos de libros, ha motivado grandes sacrificios. Estoy hablando del amor, no del sentimiento egocéntrico que muchos llaman amor y que solo está centrado en: te amo si me amas, te respeto si tú también lo haces y si me abandonas lo pagarás. Hablo del amor que protege, que guía, que da, que soporta, que espera. Hablo del amor que da fuerzas a un padre o madre para entender que hay lecciones que sus hijos solo pueden aprender en el piso y en vez de rescatarlo, lo dejan allí para que YHVH lo levante. Hablo del amor que espera pacientemente a que ese ser que tanto ama, comprenda la verdad y entienda los peligros de vivir alejado de ella. Hablo del amor de Elohim, pero no del que tanta gente tergiversa creyendo que solo se manifiesta sacándolos de problemas o supliendo sus necesidades, sino del amor de Elohim que permite tribulaciones en la vida de sus hijos para enseñarles lecciones de vida que harán de él un ciudadano digno del Reino. Hablo del amor de YHVH, expresado a través de Yahushua, propiciando un camino de regreso al seno de nuestro verdadero hogar con El.
“Amo a YHVH, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días” (Salmo 116:1-2)
David es conocido como el hombre con un corazón según Elohim. Cometió muchos errores como todos nosotros, pero sabía ir a Elohim y llevarle los pedazos en que quedaba su corazón y no paraba ahí, luego después de ser ayudado y fortalecido prorrumpía en alabanzas reconociendo que solo por YHVH, el estaba en píe. Hagamos como David, llevémosle a YHVH los pedazos, acerquémonos a El confiados de que no solo nos oirá, sino que nos dará la sabiduría para actuar, las fuerzas para seguir, nos mostrará su misericordia y poder y luego alabémosle por todo lo que Él es. David también alentaba su corazón el mismo, “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque YHVH te ha hecho bien”. No esperemos que alguien venga y nos aliente, pidámosle al Ruaj Hakodesh que traiga a nuestra mente todas las Escrituras llenas de esperanza y alentemos nuestro corazón con ellas, recordándonos a nosotros mismos que quien ha prometido es FIEL a Sus promesas. Luego gritémoslo desde las montañas, no nos guardemos para nosotros, las grandezas que YHVH hace en nuestras vidas, proclámenos Su gloria y seamos testimonio a otros de Su amor.
“Salió Yahushua de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. Y llegado el día de Reposo (Shabbat), comenzó a enseñar en la sinagoga…” (Marcos 6:1-2)
Fuimos creados con un propósito, de adorar y tener comunión con YHVH nuestro Creador. La observancia del Shabbat pone esto en perspectiva, este es el tiempo para Adorarlo y separarnos para El. Si verdaderamente amamos a Elohim y guardamos su Torah, no quebrantamos sus mandamientos voluntariamente. Sin embargo, para muchos el cuarto mandamiento parece haber desaparecido de los “Diez Mandamientos”. No hay problema con los demás mandamientos, todos los creyentes los consideran válidos hoy en día: no robar, no matar, no adulterar, etc., pero por alguna razón desconocida el cuarto es ignorado, más aún atacado. Muchos que se denominan pueblo de YHVH hacen caso omiso de lo que dice Santiago 2:10: “porque cualquiera que guarde toda la Ley, y tropiece (viole) en un punto, llega a ser culpable de todos”. Es decir, el dejar de observar un mandamiento, es igual a no cumplir ninguno. Cuando la congregación dejo de observar el Shabbat, perdió su identidad como pueblo separado en el Mesías, lea la historia y vera el deterioro que ha sufrido desde entonces. Muchas comunidades cristianas más parecen hijas de Roma. El pueblo de YHVH debe andar en el poder del Ruaj Hakodesh, con la Torah escrita en su corazón, dispuesto a obedecer en todo si verdaderamente ama a YHVH – “Si me amáis, guardad mis mandamientos” – Juan 14:15 – ¡Shabbat Shalom!
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