“Muéstrame, oh YHVH, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque Tu eres el Elohim de mi salvación” (Salmo 25:4-5)
Un padre le pide a su hijo llevar una carta al pueblo y le señala un camino por el cual el joven nunca ha ido. Está bien padre, pero no veo como ese camino me lleve al pueblo, dijo el joven. Te explicaré hijo, dijo el padre – ¿ves ese árbol? Si padre lo veo. Bueno, cuando llegues allá, vas a ver el camino, más adelante verás otro árbol y luego otro y así hasta que llegues al pueblo. De la misma manera, nuestro Padre Celestial quiere mostrarnos el Camino (Torah), un árbol a la vez – “mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá...” – Isaías 28:10. Todos queremos conocer el final del camino, es difícil moverse en la oscuridad, cuando no sabemos que hay al tomar una curva en el camino, o hacia donde nos lleva. Seguir un árbol a la vez demanda confianza en quien nos está guiando. Hoy es Shabbat, una señal, un árbol en el camino, no temamos, regocijémonos y demos gracias al Padre por cada uno de esos árboles (señales) que pone en nuestro camino hacia nuestro destino final. ¡Shabbat Shalom!
“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Lucas 12:43)
Fuimos llamados a ser siervos, ¿verdad? Y ¿qué hace el siervo? El siervo cumple la voluntad de su amo. El siervo no le dice al amo que hacer – él hace lo que su amo le pide hacer. El siervo no escoge el día o el tiempo que cree más conveniente para servir a su amo – el simplemente sigue las instrucciones de su amo, sin importar el día ni la hora. El siervo no desarrolla un plan o visión para el amo, el amo es quien tiene la visión y quiere que el siervo esté disponible para llevarla a cabo y dar fruto. Pero, no podemos ser ese siervo sino le permitimos a nuestro Amo transformarnos, es necesario que todo aquello que estorbe nuestro servicio sea removido. Necesitamos ser humildes, mansos, dóciles en Sus manos; necesitamos olvidarnos de nuestras propias agendas, y desear solo cumplir la Suya. Necesitamos hacer a un lado nuestros planes y proyectos de vida, y dejar que sea El quien guie nuestro caminar y nos lleve al destino final. No es fácil, pero tampoco imposible. No olvidemos que: “El que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día del Mesías Yahushua” – Filipenses ien1:6.
“De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer...” (1Crónicas 12:32)
Los hijos de Isacar entendían los tiempos y sabían que hacer. Es un don maravilloso, incluye tener discernimiento y la habilidad para aplicar lo que Elohim muestra. Hoy en día, la profecía es rampante, abunda por toda parte. Yahushua nos advirtió sobre los falsos profetas que abundarían en los últimos tiempos, especialmente cuando su regreso se aproximara, y dijo que la profecía sería tan sutil y las señales tan poderosas, que engañarían aun a muchos elegidos. Muchos estamos conscientes de los tiempos que vivimos, pero también hay una gran mayoría que ignoran la premura del regreso del Mesías. Es nuestra responsabilidad, en cuanto nos sea posible, despertar a otros a esta realidad, discernir toda profecía, y saber que hacer frente a ella. El reloj profético está acercándose a la hora final de esta era y pronto nuestro Salvador Yahushua regresará a juzgar el mundo. Preparémonos, pidámosle a YHVH que nos de sabiduría para discernir, y fortaleza para actuar frente a todo lo que se nos presente.
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