“Escoge pues la vida para que vivas” (Deuteronomio 30:19)
La vida está llena de elecciones, siempre tendremos delante de nosotros opciones y no podemos ignorar que cualquier decisión que tomemos afectará a otros. Desde Génesis capítulo 3, hombres y mujeres se han estado pasando la bola de culpabilidad los unos a los otros. Al inicio Eva culpo a la serpiente y de ahí en adelante, Adán culpó a Eva, y así sucesivamente. Pero Elohim nos hace a todos responsables de nuestros propios actos. Y de la misma forma como la decisión tomada por Adán afecto a toda la raza humana, así todo lo que nosotros decidamos hacer va a afectar a aquellos a nuestro alrededor. Siempre que nos encontremos ante la toma de una decisión, debemos buscar la guía de YHVH. Tanto el resultado final como todos aquellos afectados, estarán en Sus manos y todo obrará para bien. “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí” — Romanos 14:7. ¡Shabbat Shalom!
“Pero en ti hay perdón para que seas reverenciado” (Salmo 130:4)
Cada que llega la noche y termina el día sin darte la gloria por todo lo que me has bendecido, siento que renuncio al gozo de alabarte con mi vida. Cada que rehúso a tender la mano, o a dar consuelo, siento que renuncio a la maravillosa experiencia del servicio. Cada que evito un saludo, una sonrisa, un beso, siento que renuncio a la experiencia del amor. Cada que acaricio mis heridas e impido que las sanes, siento que renuncio a la dicha del perdón. Señor, perdóname por renunciar: a alabarte, a servirte, a amar y ser amada, a perdonar y ser perdonada, por no darme la oportunidad de experimentar la dicha de vivir una vida plena a la medida y estatura de tu amor.
“Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4)
Éxito, la palabra que tiene cautivado al hombre de hoy en todos los ámbitos. Todos van tras el éxito y para lograrlo, violan parámetros de ética y moral, abusan de la autoridad, engañan, mienten, usurpan posiciones, etc., lo importante es lograrlo. Éxito, el gran engaño, pues le hace creer al hombre que ya lo logró, que tocó la cima, le alimenta el ego, lo entroniza y lo aleja de YHVH. El hombre de éxito no es el que ha logrado todo en la vida, ni el ministro con una iglesia de miles de miembros. El hombre de éxito es el que sabe estar en la presencia de YHVH, el que Lo reconoce en todos sus caminos, el que camina tomado de Su mano y el que sabe que solo se es grande cuando se está de rodillas.
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