“¡Oh cuanto amo yo tu Torah! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos” (Salmo 119:97)
La palabra Torah significa = Instrucción. Y cuando hablamos de ella nos estamos refiriendo a las instrucciones dadas por YHVH al pueblo de Israel a través de Moisés. También puede referirse a los Cinco Libros de Moisés, y muchas veces también se usa para referirse a toda la Escritura. Para los sabios hebreos, la Torah contiene el diseño del universo, ya que es la Palabra de YHVH y El todo lo creó con Su palabra. Torah es diferente a la sabiduría humana, o al sentido común. Por ejemplo; la sabiduría dice que lo que le hagas a otros, va a rebotar más tarde en usted. Así que usted decide si quiere sufrir o no las consecuencias de su acción por el beneficio inmediato. La Torah, por el contrario, no solo le da este tipo de información, sino que le instruye. Por ejemplo; es bueno saber que “no robar” es beneficioso para usted y la sociedad donde vive, pero esa no es la razón para no robar, usted no debe hacerlo porque esa es la voluntad del Creador. La Torah es el deseo del Creador para Su creación. Revela el corazón del Creador, Su carácter, Su santidad, Su Camino. La semilla de la Torah fue plantada en el Sinaí, plasmada en Cinco Libros, pero su voz continúa siendo escuchada de generación en generación a medida que todos aquellos que la estudian descubren el ADN de esta maravillosa semilla, descubren su significado y la riqueza de su aplicación en la vida del pueblo de Elohim. Cuando estudie la Torah, que su objetivo no sea solo obtener información, sino conocer al Creador y a Su creación. Crecer en su relación con El, fortalecer los lazos con los hermanos y juntos prepararnos para su eminente regreso.
“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:” (Mateo 5:1-2)
En los días de Yeshua, los maestros de la Torah tenían estudiantes dedicados al estudio de la Torah, llamados “Talmidim” o discípulos. El sistema del “discipulado” maestro – discípulo, estaba bien establecido en la cultura hebrea. No había seminarios, institutos bíblicos sino la enseñanza por medio del contacto personal del maestro con el discípulo. Yahushua fue considerado rabí – maestro – “Y volviéndose Yahushua, y viendo que le seguían, les dijo: ¿qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (maestro), ¿dónde moras?” – Lucas 1:38. Yahushua pasaba mucho tiempo con sus discípulos y cuando se iba al monte, no era invitando a la multitud a seguirle, sino todo lo contrario; era para alejarse de la multitud y pasar tiempo con sus discípulos enseñándoles. En ese tiempo, cuando el rabí o maestro se sentaba, quería decir que iba a enseñar. Esa era la señal para el discípulo. Tan pronto veía al maestro sentarse, él se sentaba a sus pies y escuchaba atentamente todo lo que el maestro tenía para él. Recibía sus instrucciones y siempre se esperaba que el discípulo, una vez aprendida la lección, la pusiera en práctica – “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro…” – Mateo 10:24-25. Después de cierto tiempo, el estudiante de la Torah debía estar enseñando, imitando al maestro en todo, haciendo discípulos el mismo y transmitiendo todo lo que había aprendido. El maestro era tenido en más alta estima que el padre. Según la tradición hebrea, el padre lo traía a uno al mundo presente, pero el Rabí (maestro) le llevaría al mundo venidero.
“Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la Torah de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44)
Siempre me pregunto ¿qué quieren decir aquellos que proclaman ser una congregación primitiva? Cuando les pregunto si observan la Torah, la respuesta inmediata es: “la ley fue abolida”. La mayoría no saben cuándo ni quién escogió los 27 libros que hoy componen el Nuevo Testamento y más aún, que la congregación primitiva no tenía el Nuevo Testamento, solo tenían la Torah. Fue Ireneo, obispo de Lyon, quien propuso un canon que luego fue confirmado por el papa Damaso en el concilio de Roma en el 382, posteriormente fue reconfirmado en el sínodo de Hipona en 393 y definitivamente en el concilio de Trento en 1.545. Pablo enseño Torah – “Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos… les testificaba del reino de Elohim… persuadiéndoles acerca de Yahushua, tanto por la Torah de Moisés como por los profetas” – Hechos 28:23. En la Escritura de Lucas 24, vemos a Yahushua enseñándoles acerca de Él, de la Torah, profetas y salmos. Juan 5:46 – “Si creyereis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él”. Juan 5:39 – “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Aunque los pasajes son bien claros, para muchos es difícil encontrar al Mesías y el mensaje de salvación en la Torah. La Torah es el corazón de Elohim revelado a Su pueblo a través de Yahushua. No hay ni una sola enseñanza registrada en los evangelios que no muestren a Yahushua citando la Torah. “La palabra (Torah) que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envío” – Juan 14:24.
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