“Y si vosotros sois del Mesías, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29)
Este pasaje define al creyente como simiente de Abraham y heredero según la promesa. Abraham fue el primer hebreo (uno que cruza). Pero antes de cruzar hacía la tierra prometida, Abraham vivió en una sociedad profundamente idólatra, aún su padre era adorador de ídolos – Josué 24:2. Pero un día, Elohim llamó a Abraham y éste cruzó, salió de esa idolatría a una relación personal con YHVH, con el verdadero Elohim. Dejando su pasado atrás, entró a una nueva vida espiritual de verdad y santidad, experimentó una profunda transformación y para nosotros un hermoso ejemplo de lo que es el cruzar hacía una nueva vida con YHVH a través de nuestro Mesías. La vida de Abraham una vez cruzó, no estuvo libre de obstáculos, tuvo tribulaciones, pero de todas fue librado porque puso su mirada en aquel que lo había llamado, y finalmente fue llamado “padre de la fe”. Las Escrituras están llenas de ejemplos como el de Abraham, para que nosotros cobremos ánimo y no desmayemos, estando seguros de que “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día del Mesías Yahushua” – Filipenses 1:6.
“Ninguno que milita se enreda” (2 Timoteo 2:4)
Ningún soldado que quiera agradar a sus superiores se involucra en negocios civiles. Cuando tenemos sentido de pertenencia, cuando estamos seguros de nuestra identidad como hijos de Elohim, cuando hemos entendido que pertenecemos a un Reino donde los parámetros de conducta son diferentes a los del mundo, cuando amamos a Elohim con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; no nos enredamos en los asuntos del mundo, no vivimos una doble vida tratando de complacer amigos, compañeros de trabajo o familia, mezclándonos y comprometiendo nuestra fe. Si de verdad Yahushua es el Señor de nuestra vida, honrémoslo viviendo la vida que el preparó con anticipación para nosotros.
“Aunque ande en valle de sobra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4)
El miedo afecta la forma como el cerebro procesa imágenes y mensajes. El miedo distorsiona la forma como vemos y oímos. Y como la mente y el cuerpo están interconectados, el miedo causa muchos problemas fisiológicos como enfermedades del corazón, presión arterial alta, depresión y muchas otras enfermedades. En resumen, el miedo es mortal. La mayoría de nuestras emociones negativas proceden del miedo, incluyendo la ira, frustración y odio. A nivel espiritual, el miedo y la preocupación hacen que la gente dude del amor de Elohim y de Sus promesas. El enemigo sabe que el miedo desequilibra a la gente y la hace vulnerable a enfermedades, manipulación y engaño. Vivir en temor es un tipo de esclavitud – Hebreos 2:15. YHVH nos exhorta una y otra vez a no temer – al hombre, a la guerra, a la tribulación, ni siquiera a la muerte misma – Romanos 8:35-39. El antídoto para el temor es un corazón lleno del amor de YHVH y Su Torah – “El amor echa fuera el temor” – 1Juan 4:18. ¡Shabbat Shalom!
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