“Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de YHVH… entonces te deleitarás en YHVH…” – Isaías 58:13-14
Shabbat es el día de reposo, día de asombro y admiración, día de santidad y luz. Es una canción del corazón, un himno lleno de meditación que invita a separarnos y deleitarnos en nuestro Creador. Es el día para recordar las bendiciones recibidas durante toda la semana y postrarnos en adoración delante de nuestro Hacedor. Es el día dedicado en especial para santificar nuestro hogar, bendecir a nuestros hijos, padres, hermanos, amigos. El día para recordar la creación y admirarnos en la obra del Creador del Universo que ha hecho todo para beneficio y gozo de Sus hijos. Es el día para orar y gozarnos en acción de gracias. Para deleitarnos en la Torah, para estudiarla y hacerla vida. Es el día para hacer diferencia entre lo santo y lo mundano. El resto de la semana, debemos, guiados por el Ruaj Hakoddesh, ser partícipes en mejorar el mundo en el que vivimos, mejorar nosotros mismos y hacer las labores asignadas según nuestro rol, de la mejor manera posible, recordando siempre que somos peregrinos y vamos hacía la tierra prometida. Pero este día es para pasarlo en Su presencia. “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” – Salmo 16:11. Shabbat Shalom
“Amo a YHVH, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días” (Salmo 116:1-2)
David es conocido como el hombre con un corazón según Elohim. Cometió muchos errores como todos nosotros, pero sabía ir a Elohim y llevarle los pedazos en que quedaba su corazón y no paraba ahí, luego después de ser ayudado y fortalecido prorrumpía en alabanzas reconociendo que solo por YHVH, el estaba en píe. Hagamos como David, llevémosle a YHVH los pedazos, acerquémonos a El confiados de que no solo nos oirá, sino que nos dará la sabiduría para actuar, las fuerzas para seguir, nos mostrará su misericordia y poder y luego alabémosle por todo lo que El es. David también alentaba su corazón el mismo, “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque YHVH te ha hecho bien”. No esperemos que alguien venga y nos aliente, pidámosle al Ruaj Hakoddesh que traiga a nuestra mente todas las Escrituras llenas de esperanza y alentemos nuestro corazón con ellas, recordándonos a nosotros mismos que quien ha prometido es FIEL a Sus promesas. Luego gritémoslo desde las montañas, no nos guardemos para nosotros, las grandezas que YHVH hace en nuestras vidas, proclámenos Su gloria y seamos testimonio a otros de Su amor.
“Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu Torah. Forasteros soy en la tierra; no encubras de mi tus mandamientos” (Salmo 119:18-19)
Creo que el error más grande que los seres humanos cometemos es el creer que llegamos a este mundo a echar raíces y vivimos como si nunca fuéramos a partir y entonces pasamos la mayor parte de nuestro tiempo trabajando para hacer nuestro nicho lo más cómodo posible y nos rodeamos de toda clase de comodidades que lo único que hacen es hacernos perder de vista la perspectiva real de nuestra vida. Somos forasteros y la única manera de conocer la ruta de nuestra vida y la forma de vivirla sin perder de vista la meta final, es conociendo a Elohim y Su Torah (mapa) donde El nos da instrucciones y a través de la cual nos guía. Hebreos 11:13 nos dice que todos los antepasados confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Lo que necesitamos ahora es que Elohim abra nuestros ojos y nos muestre las maravillas de Su Torah, todas las verdades que están ocultas en ella para ser reveladas a quienes le aman y quieren seguirle. Vivimos en un mundo vendido al diablo y por ahora nos movemos en sus dominios, por eso como hijos de Elohim debemos estar en sintonía con Su palabra para evitar ser consumidos por todas las cosas no santas que invaden el sistema.
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