“Rasgad vuestro Corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a YHVH vuestro Elohim; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y que se duele del castigo” (Joel 2:14)
Sin Teshuvah (arrepentimiento), no puede haber selichah (perdón). Sin perdón, no hay nada porque prepararnos porque el – juicio – ya ha sido emitido y no hay esperanza de salvación. De acuerdo al idioma hebreo – Teshuvah es el acto de “retirarse para regresar”, es decir: dejar lo que se está haciendo que es contrario a la Torah y volver por el camino de la Torah, que es el Camino de YHVH. Si sabes que hay algo en ti que te duele dejar, y dudas o crees que puedes manejar la situación sin supuestamente afectarte o afectar a otros, olvídalo, es imposible y no hay “tal vez” en el Teshuvah. Es un regreso total o no hay regreso. Es como cuando conduces, si dudas en arrancar cuando tienes que hacerlo, puedes crear un accidente que te puede costar la vida. Igual en el Camino de YHVH, si dudas y no tomas la decisión correcta y radical de eliminar de tu vida todo lo nocivo, va a ser destructivo para ti y para quienes te acompañan en este caminar de la vida. Las zorras pequeñas que dañan el viñedo son las más difíciles de dejar porque te hacen creer que no son tan ofensivas. Pero no hay pequeñas y grandes desobediencias, la desobediencia es desobediencia, es rebelión hacia YHVH y Su Torah. “Como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación” – 1Samuel 15:23. ¡Shabbat Shalom!
“Porque esto es lo que YHVH nos ha ordenado hacer: 'Yo te he puesto como luz a las naciones, a fin de que seas de salvación hasta lo último de la tierra” (Hechos 13:47)
Es claro el significado de esta declaración concerniente a nuestro destino. Pero no solo incluye lo que debemos hacer, sino también lo que debemos ser. Yeshua nos llama a mostrar algo que por naturaleza no tenemos, es decir, si no tenemos una relación de pacto con YHVH es imposible tener luz en nosotros, así que, lo que lo primero que debemos hacer es acercarnos a YHVH y recibir la luz de Su salvación para luego ir y ser luz (Su luz) a los demás. Él nos llama a mostrarle al mundo algo de Su carácter, de hecho, este llamado es la base de nuestro verdadero destino. Las actividades de nuestro caminar como creyentes son muy importantes, pero nada comparado con el carácter, los frutos de Su presencia en nosotros que debemos manifestar. Aunque sabemos que nadie en el mundo puede manifestar completamente la plenitud de Yeshua, su pueblo en la tierra está llamado a revelar Su carácter en nuestra vida, acciones, palabras, si dejamos que Su Espíritu en nosotros cambie nuestros corazones.
“Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Elohim, os aferráis a la tradición de los hombres” (Marcos 7:7-8)
Los fariseos le preguntan a Yahshua por qué sus discípulos no obedecen la tradición de los ancianos, y Yahshua les contesta llamándolos hipócritas. Hipócrita = del griego hypokrisis = actuar, fingir. ¿Es nuestra relación con Elohim una relación hipócrita donde solo actuamos o fingimos? ¿Ponemos las tradiciones por encima de los mandamientos de Elohim? ¿Cuál es nuestra prioridad en la vida? ¿Es hacer la voluntad de YHVH? Si es así, ¿Por qué permitimos que las tradiciones familiares o culturales nos controlen cuando sabemos que no están alineadas con la Palabra de YHVH? ¿Hacemos cosas por complacer, familia, amigos, jefes, aunque sabemos que no están bien delante de Elohim? No es fácil ser diferente a todos los que nos rodean, especialmente, familia, compañeros de trabajo, estudio o iglesia. La línea de menor resistencia es hacer las cosas que los demás esperan que hagamos, mantener a todos felices, no desacordar con nadie, no crear confusión o incomodidad en los demás, y luego, solos, buscamos a YHVH y El entiende, ¿verdad? No, quienes seguimos a Yahshua debemos ser la sal de la tierra, y esto quiere decir que tal vez muchos desaprobarán nuestros valores, ideas, opiniones o estilo de vida. Seamos coherentes y honestos con lo que proclamamos ser, honremos con nuestra vida a Aquel a quien llamamos Padre.
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