“Yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que YHVH hizo con vosotros” (Deuteronomio 9:9)
Las tablas eran de piedra, no eran de un material costoso para que los ojos del hombre no se fijaran en las tablas en sí, sino en su contenido. Si le hubieran encargado a un ser humano a elaborarlas, tal vez las habría hecho de oro, como el becerro que hicieron para su dios pagano, o de mármol, bronce, las habría adornado con filigranas y esculpido en letras góticas y al margen tal vez pondría una placa para eternizar el momento. Pero, eran piedras sin elaboraciones. Las piedras no son complejas, son simples, todos las conocemos. Pero si todo es tan simple, ¿por qué tuvo que permanecer Moisés 40 días en el monte? Porque el secreto no estaba solo en las letras externas y en el material, sino en lo que ese inerte conjunto de arenillas puede ocultar. La piedra está formada por millones de partículas, así también los Diez Mandamientos contienen 613 instrucciones, secretos de todas las prescripciones sin excepción. En ellas está contenido todo el código de conducta a través del cual Elohim quiere que su pueblo viva. En esas tablas está expresada la voluntad de YHVH, son el corazón del Padre expresado en instrucciones para sus hijos. Fueron dadas en lenguaje sencillo y nos guían a construir nuestro destino de la mano de nuestro Creador.
“Vé el pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero” (Éxodo 19:10-11)
Pasaron siete semanas desde la salida de Egipto cuando llega el gran momento, el acontecimiento único en la historia. Elohim se dispone a hablar, a revelar su Torah, a hacer oír su voz. El pueblo debe prepararse durante tres días. Pero, ¿de qué va a hablar Elohim? ¿Va a revelar sus secretos, sus intenciones? No. Habla de las relaciones entre los hombres, de los deberes de cada individuo para con otros individuos, para con sus familias y principalmente de la relación del hombre con su Creador. El texto de los Diez Mandamientos nos presenta una serie de instrucciones que cualquier ser civilizado hubiera podido suscribir aun en tiempos pasados. Enumera normas y principios que ya eran conocidos y aceptados en gran parte. Prácticamente no se debían legislar, pero debido a la innata naturaleza rebelde del hombre era necesario hacerlo. Pero son normas de sentido común, redactadas en forma simple que hasta los niños pueden comprender. Presentadas y reveladas con tal claridad que nadie puede alegar que no las comprende y por ello no las puede observar. Torah en hebreo significa “enseñanza / instrucción”. La Torah le enseña al hombre a vivir, es la guía vital del hombre, eleva y enaltece su existencia y llena su vida de sentido.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32)
Solamente los hombres libres pueden recibir la Torah – Erich Fromm. Para ser verdaderamente libre, el hombre debe liberarse del hombre. Elohim tenía que liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto para poder llevarlos al Sinaí y entregarles la Torah. En su condición de esclavos sujetos a un poder extraño no podía darle sus Instrucciones. Igualmente hoy, mientras el hombre está sujeto al sistema y sea esclavo de él, no puede recibir las instrucciones de Elohim. Queda excluida la absurda pretensión de que la Torah fue abolida por el Mesías, pues la Torah son las instrucciones que dirigen al hombre, instruyéndolo en el modo de actuar rectamente en las relaciones con Elohim primeramente y luego con los demás. La Fiesta de Shavuot (Pentecostés) está relacionada con la vivencia máxima del pueblo de Israel en el desierto, la revelación de YHVH a su pueblo y la aceptación de la Torah. A partir de ahí, Israel fue un pueblo libre, conocieron al Elohim de sus padres, Abraham, Isaac y Jacob y recibieron su Torah. Por eso Juan dice que el conocimiento de la verdad (Torah) nos hace libres. La libertad necesita de un sistema de leyes (instrucciones) para poder subsistir, de lo contrario la vida se hace imposible. Lo extraño es que hoy en día el hombre se sujeta más fácilmente al sistema que a Elohim, tienen la rara idea de que el sistema los protege y Elohim los subyuga. Un pueblo libre es el que se rige por un código.