“Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto… y he descendido para librarlos de mano de los egipcios” (Éxodo 3:7-8)
Ya pasamos Pesaj (Pascua) y vamos camino por el desierto hacía la tierra prometida. Será un camino largo, lleno de encrucijadas, obstáculos y bendiciones. Debemos hacer muchas paradas y todas con propósitos específicos que solo Elohim conoce. Pero nos sentimos libres. Libres de la esclavitud en la que estábamos y queremos disfrutar de esa libertad. Pero, ¿es libertad la ausencia de reglas? Según muchos creyentes quienes consideran que la Torah fue abolida, si. Cuando somos jóvenes queremos ser libres de todas las reglas de los adultos que nos asfixian. Creemos que ser libres es hacer lo que queramos sin darle cuentas a nadie, comer lo que se nos antoje, pasar días sin bañarnos, pasar horas interminables frente a la T.V., etc. A medida que crecemos descubrimos que la licencia y la irresponsabilidad no son libertad y que la estructura y la rendición de cuentas crean el único medio en el cual la verdadera libertad puede desarrollarse. El pueblo de Israel era libre de la esclavitud de Egipto, pero como una nación a punto de ser formada, necesitaba reglas y Elohim iba a llevarlos al lugar perfecto donde pasaría tiempo con ellos, no solo dándoles Torah sino enseñándoles a vivir bajo sus parámetros. “He aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” – Oseas 3:14. ¡Gracias YHVH por tu Torah!