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Gota de Amor - Abril 23/2012







“Y estando juntos, le mando que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oíste de mi” (Hechos 1:4)


Cuarenta días había pasado Yeshua con sus discípulos después de su resurrección. Fueron cuarenta días en los cuales confirmo la Torah en ellos, les recordó sus enseñanzas sobre el Reino y por supuesto le encomendó lo que el mundo cristiano llama “la gran comisión” de ir y predicar las buenas noticias de salvación, no sin antes pedirles que no se movieran de Jerusalén hasta que fueran equipados con el Ruaj HaKoddesh, para la labor asignada. Les pidió que esperasen la “promesa del Padre”. ¿Cuál era la promesa del Padre? “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Mesías Yahshua para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Ruaj HaKoddesh. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Adonai nuestro Elohim llamare” – Hechos 2:38-39. El Ruaj HaKoddesh es la promesa del Padre. El prometió no abandonarnos ni desampararnos, El prometió que su presencia estaría siempre en medio nuestro, así como la columna de nube y la columna de fuego acompañaron a Israel durante su viaje por el desierto. Hebreos 11:27 dice que: “por la fe (Moisés) dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Por la fe nosotros esperamos el regreso de nuestro amado Mesías, sostenidos por el Ruaj, en medio de un mundo en caos.

Gota de Amor - Abril 22/2012







“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8)


Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca. Pero, no era un enemigo desconocido. Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41. Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43. En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne. Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura. Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14. Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas. Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos. Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo. Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.

Gota de Amor - Abril 21/2012







“He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo” (Éxodo 17:6)


Ahora el pueblo se queda sin agua y ¿qué hace? Lo que sabe hacer muy bien – quejarse. Moisés les hace dos preguntas: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a YHVH? En otras palabras, el pueblo culpaba a Moisés y a YHVH de todo lo malo. ¿Le suena esto familiar? Por supuesto, hoy en día YHVH es culpable de las inundaciones, terremotos, calentamiento global, de todos los desastres. Desde la creación el hombre siempre ha buscado un chivo expiatoria a quién culpar de todo. ¿Qué le dijo Adán a Elohim en el huerto? “La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí” – Génesis 3:12. Es decir: si no me hubieras dado una compañera, no había tenido problema, fue tu culpa. Igualmente el pueblo – “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed? Moisés pudo haberles dicho: ustedes clamaron a YHVH y El ha respondido – “El clamor, pues de los hijos de Israel ha vendido delante de mí” – Éxodo 3:9. ¿Queremos que YHVH intervenga en nuestra vida? Pues debemos aceptar que lo haga a Su manera, no a la nuestra. YHVH sabía lo que el pueblo necesitaba, como sabe lo que necesitamos cada uno de nosotros en este momento. El pueblo necesitaba agua de la Roca. “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque todos bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la roca era el Mesías” – 1Corintios 10:4

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